X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

UNA DE FUNERALES. ¡¡ MARCHANDO !!

Uno de vez en cuando, se encuentra en la tesitura de asistir a un funeral.  Ya sabéis, aquel al que hay que asistir.  Tampoco hay que dramatizar, en estos casos uno se solidariza con los familiares del difunto y se une a los dolientes.

Los funerales son siempre una reunión de impotentes, que se aúnan en la difícil tarea de hacer ver que lo que hacen sirve para algo.

Así que ya sabéis, la americana oscura y aquellos pantalones que casi no me caben, las gafas de sol, bien perfumado por aquello de los besos y abrazos, y al ataque.

De entrada, estuvimos a punto de meter la pata hasta la ingle. En la puerta de la iglesia, dos hombres de negro a los que tomamos por empleados de la funeraria y que resultaron ser dos primos que acababan de llegar. Menos mal que ellos si nos conocían a nosotros, se adelantaron en el saludo y salimos bastante airosos del trago.

La iglesia estaba en obras, lo cual es bueno, las vallas y los andamios, dan un cierto aire humano al recinto. Porque los techos tan altos y tanto muerto en las paredes, impresiona un poco, y hasta acojona.

En fin, ya estamos dentro, un banco discretito, lejos de los deudos, pero tampoco el ultimo, y a esperar.

Mucho mérito el del cura, porque he de reconocer que su trabajo fue bastante bueno. Estos sacerdotes, tienen un sexto sentido para oler el dinero, y como la familia era pudiente, hizo un trabajito de lo más aseado. Yo he estado en funerales mucho más cutres, con un cura que iba a lo suyo con su retahíla y al que se le notaban demasiado las ganas de terminar cuanto antes. Este se lo curró de lo lindo, aunque lo tuviera que leer todo en los libros, la impresión que dio es que quería quedar bien.

Lo que me tiene mosqueado desde siempre es el trajín de levantarse y sentarse, vaya manía de ir cambiando.  Con lo bien que se está sentado y tranquilito.

Era inevitable, supongo, que pasaran el plato.  Una mujer ya mayor, salió a traición de una de las puertas de la sacristía blandiendo una jofaina plana de color dorado. A los de la primera fila los cogió desprevenidos y tuvieron que buscar apresuradamente el óbolo en los bolsillos. Los demás la veíamos venir, y algunos tuvieron tiempo de preparar sus carteras.  Yo la esperaba con un “No, muchas gracias”, solemne y altivo, preparado para la ocasión, pero casi no me dejó decirlo. Enseguida me quitó la palangana de debajo la nariz, y emprendió una retirada estratégica.   La culpa fue mía, porque yo era pardillo y ella gata vieja. Le di demasiadas pistas al esperarla con los brazos cruzados en el pecho y cara de indignación. Tenia que haber levantado la mano como si fuera a poner, y luego soltarle la frase, y también podría haber imitado a Aznar y soltarle un dedazo, pero yo soy una persona educada.

En fin que todo pasó de una manera muy correcta, incluso aquello de darse la paz, que nunca he entendido para que sirve, menos mal que yo solo tenía una chica a mi izquierda con la que no pensaba pelearme, y a la que estreché afectuosamente la mano, y a la derecha a  Cristina, con la que estoy en paz desde hace mucho tiempo.  Hubo un señor de dos bancos más adelante, que amenazó con venir con su paz a cuestas, pero al final, desistió, y los de atrás, no sé lo qué hicieron porque no me digné girarme.

Acabó el evento con el órgano sonando majestuoso. Sin lugar a dudas, lo mejor del acto, y los de la funeraria, (no los primos), llevándose el ataúd.

Al que si pillé fue al cura escapándose como un ladrón por los pórticos laterales, hacia la salida. La familia se dirigía a la puerta, y él, que había terminado ya la faena, tenía por lo visto mucha prisa.  Seguramente le esperarían su Sagrario o su Rosario para comer.

Lo había disimulado muy bien durante el oficio, pero al final, le pudo la ansiedad por irse cuanto antes.  Me dejó pensativo el hecho, había cumplido con su obligación que era  soltar la misa, como si soltara un misil.  Acabada la función  ya se podía ir corriendo.  Lo que decía, un auténtico profesional.

Solo me quedó una duda, con lo rápido que se cambió de ropa y se fue, no tuvo tiempo siguiera de contar el dinero de la colecta. Porque yo no vi a ningún monaguillo o sacristán y la señora que pasó el plato había vuelto a sentarse entre el público. O lo metió en un cajón, o se lo llevó en el bolsillo para contarlo más tarde.  En fin, no había nada mío.

No pude dejar de pensar en el funeral de mi amigo Bep. He comentado algunas otras veces de él, era transgresor, anticlerical, borracho empedernido, juerguista y una excelente persona.  Sacaron el ataúd al patio del tanatorio, la gente su puso en círculo a su alrededor, y de un desvencijado cassette que pusieron sobre el alfeizar de la ventana, sonaron los acordes de “Imagine”. Todos nos cogimos de las manos, con las lágrimas aflorando, y no hizo falta que nadie nos deseara la paz. Tampoco nadie tenía prisa por irse.

2 Març 2010 Posted by | Relatos | | 4 comentaris