X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

Pilar Alonso

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Pasaba por allí todos los dias, costa de sa plaça avall. Al principio la miraba cara a cara, girándola a medida que el angulo se reducía. Luego empezó a mirarla de reojo, como huyendo de la reciprocidad. Sentía celos. Celos del escultor, celos de los que la veían.

En realidad estaba enamorado de Pilar Alonso. Cuando pusieron la estatua en la plaza, buscó su historia y sus canciones y quedó atrapado en sus redes.

Por las mañanas, solo despertarse ya ponia la cancion de “Les Caremelles”, y se entrelazaba con sus estrofas.

Per tu, tan sols per tu, xamosa nina,
d’amor ardent el meu cor sent un goig diví!
Que és gran l’estimació que a mi em domina,
ja ho comprendràs quan estaràs
soleta amb mi. Ai, sí!

https://youtu.be/c-SWWo1JE1Y

Por eso, cuando pasaba, el pudor le impedía mirarla de lleno y lo hacía como de pasada, evitando que quedase su imagen grabada en su retina.

Pero la obsesión continuaba, había perdido peso, se sentía débil y además, dormía mal. Ya no ponía su canción por las mañanas. Ya no se acicalaba frente al espejo para que “ella” lo viera limpito y bien peinado. La vida se le amargaba por momentos, languidecía.

Luego, volvía a la realidad, se vestía, desayunaba y se iba al trabajo pasando por delante de su amada.

Empezó a sentir celos el día que vio a un turista atisbar por debajo de las faldas de la cupletista.

Estuvo a punto de ir a por el, a golpearle con el paraguas, a romperle los dientes….

Solo la fugacidad del acto le libró al indigno mirón de la merecida paliza. Pero el mal ya estaba hecho, su querida diosa era objeto de miradas concupiscentes.

¿Cuantos de los cientos de personas que pasaban por su lado lo hacían? La idea lo atormentaba. Pensaba incluso que algunos se atrevería a tocarla, a pasar la mano por sus piernas.

Pero un dia, arriesgando llegar tarde al trabajo, se desvió de su curso y se dirigió hacia ella. Lo hizo con paso decidido, mirada altiva, desafiante incluso. Se paró a su lado, la miró fijamente a la cara, se acercó despacito, y …. atisbó por debajo de su falda.

Continuó su camino contento, renacido diría, liberado de su obsesión, como si se hubiera quitado un enorme peso de encima.

Murmuraba satisfecho: Menos mal que lleva enaguas.

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12 Agost 2016 Posted by | Sociedad | Deixa un comentari