X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

Una Hostia.

pendrive-legionario

Un dia, Manuel, vino a declarar un legionario.

Era el año 1975, oficina de Atestados de la Policía Territorial del Sahara .

Había presentado una denuncia contra un comerciante que a su entender le había estafado. Después de comprar un articulo, ya con el en la calle, se había dado cuenta de que estaba fallado. No recuerdo ni que articulo era ni cual era su defecto. El volvió sobre sus pasos para pedir que se lo cambiaran o devolvieran el dinero.

El comerciante se negó aduciendo que ya había traspasado el portal de la tienda, y por lo tanto, no tenia derecho a reclamación.

A los pocos días, y previa citación vino a prestar declaración el denunciado.

Nuestra oficina era pequeña, en un semisótano, en uno de los lados, una hilera de mesas estrechas de fornica con patas de hierro, apenas cabía la máquina de escribir.

Sentado frente a mi, y separados sólo por la mesa, el comerciante me explicó su versión. Confirmó que si no hubiera traspasado el umbral, le hubiera cambiado el articulo, pero al salir, sus derechos como comprador estaban ya finalizados.

Cometió un error, inclinarse demasiado sobre la máquina de escribir intentando ver quizás lo que estaba tecleando.

Se me fue la mano, y le solté un puñetazo en la cara que lo hizo caer de espaldas de la silla. Una hostia de las de libro, retronó en la sala como un chasquido.

Mis compañeros se levantaron en seguida rodeando al moro por si le quedaban ganas de responder. No era necesario, a duras penas se levantó del suelo y se volvió a sentar, esta vez con la precaución de separar la silla lo suficiente para no estar de nuevo a tiro. Su mejilla de color gris iba cambiando a un rosaceo subido.

Yo seguía tecleando explicando el caso y redactando las diligencias finales para terminar la declaración, luego se lo dí a firmar. Lo hizo y se fue. Ni una palabra en el tiempo post hostia.

Yo, terminé el expediente, y lo dejé listo para enviar al juzgado.

Algunos comentarios jocosos de mis compañeros, no lo recuerdo bien, yo no me sentía ni bien ni mal, simplemente satisfecho, seguramente sería el único castigo que se llevaría el comerciante, el juez no haría ni caso a la denuncia.

Al día siguiente, vino a verme el Capitán Sandino. Me llamó desde la puerta y salí. Paseando por el patio, me pidió que le explicara lo que había pasado.

Era un buen tipo el capitán, un hombre serio, comedido, de pocas palabras. Le expliqué lo que había pasado mientras el permanecía callado. Cuando terminé, simplemente me dijo:

Ves con cuidado.

-Si mi capitán, a sus ordenes mi capitán.

Nunca mas supe del caso, de lo que pasó entre bambalinas no tengo ni idea, pero Manuel, a veces una buena hostia, creo que es mas curativa que cualquier vendaje.

Y no estoy orgulloso de mi acción, simplemente ocurrió. Tampoco renuncio a ella.

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31 Març 2016 - Posted by | Sociedad | ,

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