X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

NO TENIA QUE HABERLO HECHO.

No tenia que haberlo hecho, estuvo mal, muy mal.

Quizás mi primera sandez, fué el ser tan metódico. Eso de salir siempre a la misma hora de casa , siempre a las ocho menos cinco, suficiente para llegar exactamente a las ocho y diez al trabajo. Cinco minutos antes de la hora prevista, no era ni bueno ni sano. A veces, las rutinas son traicioneras.

Habia cambiado mi horario aposta para evitar la aglomeración de las ocho y la entrada a los colegios. Me gustaba ir despacio con el coche, con la ventana abierta aunque fuera invierno, dejando que la brisa acariciase mi cara, que el viento orease mi menta absorta en mil pensamientos y elucubraciones.

Cuando voy en coche tengo una especial capacidad de evadirme, de soñar, de viajar no solo con las ruedas sino con el poder inmenso de la imaginación. Demasiadas veces me paso de parada y me encuentro en la carretera de Calan Porter sin haber cogido la desviación del polígono.

Conducir me produce placer y paz y ensueño. Pero a veces, te pasa una moto rugiendo a tu lado y te despierta de pronto todos los demonios.

A aquel motorista lo tenia atravesado, cada dia, al filo de las ocho, cuando yo transitaba tranquilamente mordisqueando suavemente la bolsa de galletas, me adelantaba levantando con poderío la rueda delantera de la moto, ensordeciendo mis odios y provocando que las maledicencias salieran abruptamente de mi boca.

Me tenia cabreadísimo porque ya no podía conducir tranquilo, el pensamiento de que de un momento a otro pasaría el susodicho a mi lado chuleando, me enardecía.

Pero un día, una sonrisa afloró en mis labios después de la habitual pasada. Recordé de pronto la merienda de cuando pequeño de “Pa amb olives”. Mordisco de pan, mordisco de oliva, hasta que llegaba al hueso y lo escupia con fuerza para ver hasta donde llegaba.

No tenia que haber cambiado mi media bolsita de galletas por un trozo de pan con olivas. Pero me gustó lanzar los huesos por la ventanilla , sobre todo cuando vi venir por el retrovisor al de la moto. Quizá por un deseo inconfesable, había acumulado tres en la boca, los escupí los tres.

Nunca sabré cual de los tres hizo justicia, pero esta vez, la moto, al pasar, patinó sobre algo que había en la calzada y moto y motorista saltaron por los aires.

No estuvo bien, lo reconozco. Ni siquiera la cara de susto del motorista con su traje de goma jorobado, el casco desaparecido en combate y cojeando lastimosamente, compensó la mala acción. Lo reconozco, estuvo mal, pero ahora sonrío cada vez que me llevo una oliva a la boca.

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30 Agost 2015 - Posted by | Sociedad

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