X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

CRUELDADES ANTITAURINAS

Durante mi época estudiantil, en plena lucha antifranquista y por las libertades, implicado en las asociaciones de estudiantes y organizando manifestaciones contra la dictadura, recibí el apodo de “Pacifista”.

Me quedó asignado, de la misma manera que otros eran el “Manresà”, “Bedel”, o “Tristón”, compañeros de tertulias, reuniones clandestinas y pegada de carteles y pintadas. Eran épocas peligrosas, en las que era mejor no saber el nombre de tu compañero. Quizá las precauciones eran un tanto ingenuas, porque la policía social, integrada entre muchos compañeros nuestros, conocía con detalle todos nuestros datos, pero no habia que dar facilidades.  Quedé bautizado,  en una de las reuniones clandestinas, discutiendo estrategias contra el régimen, en la cual me opuse con ahínco, al uso de cócteles molotov.

Pensaba, -y sigo pensando- que el fin no puede justificar los medios. Y que era un contrasentido ser, contrarios a la violencia, y a la vez, usarla contra los que la defienden y la utilizan.

Para mi es importante la integridad moral de una persona, que debe impedirle usar los mismos medios que los de sus oponentes. No creo que importe decir que me hicieron poco caso, mi postura no fué apoyada por nadie,  y en las siguientes semanas, los sótanos de la facultad, eran un continuo trajín de bolsas que “sonaban” a cristal contra cristal.

Me han venido a la memoria estos recuerdos, a raíz de un grupo antitaurino de Facebook que pide la muerte del torero en la plaza. Les he dejado varios comentarios, en los que les recrimino su actitud, de los que como es normal, he salido algo malparado.

¿Cómo se puede defender a un animal y a la vez desear la muerte de una persona?

Como en tantas otras cosas, los sentimientos son los que deben guiar nuestros actos, no las consignas políticas o sociales. Si nos sentimos compungidos y afectados por la muerte y tortura de un animal, de la misma manera nos tenemos que sentir heridos por la cogida de un torero.

Todo forma parte de la inmensa crueldad de la “fiesta nacional”. El torero, por el mero hecho de ser el ejecutor de la tortura del animal, no es por eso menos digno de lástima y debe ser objeto también de nuestra compasión.

Por una parte están los “hechos concretos” que nos repugnan, picas, banderillas, estoque. Por otra un público encorajinado y embrutecido que pide y quiere sangre. Cualquier espectáculo que provoque tales sentimientos es nocivo y rechazable. En el inventario de nuestras “lastimas”, está el toro torturado y vejado, y también las personas que llaman arte a lo que es tortura, y no se dan cuenta que ellos mismos, se están animalizando.

Los antitaurinos que piden la muerte del torero, también están brutalizados, también quieren sangre, no son diferentes de los que braman en las gradas, solo están en el otro lado.

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28 gener 2010 - Posted by | Denuncia

8 comentaris »

  1. Entiendo perfectamente tu postura, aunque para mi no es lo mismo.

    Yo no quiero que muera una persona normal, pido que el toro mate al torero en defensa propia.

    Si un toro se escapa de una finca y mata a alguien claro que me da pena, pero si alguien le está matando y él se defiende y le mata, pues yo me alegro.

    No será una postura loable, pero es lo que siento.

    Comentari per Erprofe | 28 gener 2010 | Resposta

  2. Conozco tu postura, y la respeto, de hecho ya lo habiamos comentado otras veces, pero yo insisto en desviar la atención del torero y ponerla en las gradas.
    Los tendidos taurinos, igual que algunos graderios de fútbol, se parecen cada vez mas a los circos romanos.
    Cualquier cosa que sea capaz de exacerbar a las masas, de sacar lo peor de ellas, es nociva, y si encima se tortura a un animal, peor me lo pones.

    Comentari per Xarbet | 28 gener 2010 | Resposta

  3. Claro, la “fiesta” la mantiene el público (bueno y el estado), el torero no haría nada sin las gradas sedientas de sangre.

    y tienes toda la razón en que en las gradas nos embrutecemos todos, cuando yo he ido al fútbol (sobretodo de chaval), decías cosas que no pensabas y veías a señores jubilados que eran capaces de matar al árbitro.

    Comentari per Erprofe | 28 gener 2010 | Resposta

  4. Pero ¿por qué hay que matar?… qué palabra más fácil: matar. Ni a personas, ni a animales, ni siquiera a las plantas.
    Estoy de acxuerdo con Xarbet, cada vez se parece más al circo romano. En aquella época, al menos, se luchaba por algo muy concreto: la vida.
    Ahora todo es cuestión de un puñado de dinero, sin escrúpulos.
    Buen post, Xarbet.
    Bxos

    Comentari per La última Grupi | 28 gener 2010 | Resposta

  5. Hay antitaurin@s que desean que en el juego entre el torero y el toro gane el toro. Yo deseo que no tenga que jugar.

    Comentari per Anna | 29 gener 2010 | Resposta

  6. Este tema me pone de los nervios, mi abuela a la que adoro, era una luchadora nata (se quedó viuda a los 40 y sacó a sus hijos adelante), buena y altruista a más no poder y aficionada, no se perdía una por tv y sufría por el torero lo indecible y yo más pequeña no entendía qué culpa tenía el toro, no deseo la muerte a nadie ni siquiera que haya sangre, sólo deseo que se acabe de una vez, no hay igualdad de condiciones, el hombre lo elige, el toro está condenado.

    Comentari per Gales | 29 gener 2010 | Resposta

  7. Anna casi el 100% de los antitaurinos no queremos ese juego. Pero si se juega, que gane el toro. Si no gana el toro, entonces pierde y eso es lo que yo no quiero, que pierda un animal que corría libremente por las praderas.

    Comentari per Erprofe | 29 gener 2010 | Resposta

  8. La palabra es muy importante. Hace solo dos años yo era un expectador aficionado de los toros. Ahora, tras esos meses, leyendo los comentarios y argumentos de unos y otros, principalmente en La Comunidad, he llegado a repudiar ese espectáculo. La labor de “evangelización” aniti-taurina tendrá éxito de esa manera. Cultura y razón: humanidad.

    Los exabruptos, el odio y el insulto sólo provocan reacción. Y provocan el apoyo de los menos racionales quecomparten una opinión pero no logra convencer al convencido. Incluso le motiva a seguir en sus trece.

    Y lo de invocar a la muerte…. eso ya no es más que lo lógico en determinadas mentalidades. Pero no creo que el odiador pueda albergar otro tipo de deseo en su mente. Así que mejor dejarlo irse apagando en su odio…..

    Comentari per -enrique | 30 gener 2010 | Resposta


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