X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

Dia de los Inocentes. La sonrisa del Muerto

Podrían haber elegido una habitación más alegre, o quizás alguna que tuviera ventana, pero eso, evidentemente, al muerto no le importaba.

Gregorio, había aceptado aquel trabajo porque no estaba en condiciones de renunciar a ningún ingreso, y pensaba que si cumplía, le podrían contratar otra vez, para trabajos más agradables.

Estaba solo en el inmenso caserón, hacia solo media hora que la familia se había ido y le habían dejado, lisa y llanamente, velando al muerto.

Dos Cosme yacía en el túmulo.

Vestido con un impecable traje negro, la corbata ligeramente suelta, los pies sin zapatos formando una uve, y su enorme nariz emergiendo sobre todo su cuerpo. Cuatro candelabros en las esquinas del catafalco iluminaban tétricamente la escena.

Su trabajo consistía en eso, en estar donde deberían estas los deudos del fallecido, los cuales, una vez muerto, ya no tenían que hacer nada para ganarse una mejor parte de la herencia, y pasaban del duelo. Pero, evidentemente, las formas eran las formas.

Tenía que preocuparse especialmente de la apariencia del cadáver, sobre todo que no le cayera la mandíbula y que mantuviera impecable su aspecto.

Y se sentó en una pequeña butaquita, ni muy lejos ni muy cerca, esperando que la noche pasara lo más pronto posible.

Pero claro, cuando alguien mira más de dos veces seguidas las aletas de la nariz de un muerto, tarde o temprano, resulta que se mueven. Gregorio pensaba, que era un efecto óptico y en un principio no hizo demasiado caso, pero los movimientos eran cada vez más notorios y le empezó a entrar el pánico. Era sorprendente además que no le hubieran taponado la nariz, es lo que se suele hacer en estos casos.

La mosca apareció de repente, sin avisar, como hacen siempre, era grande, zumbadora, negra, con alas tornasoladas.

Y uno se puede entretener en mirar como vuela, y puede también asustarse si se la ve posarse sobre la nariz del yacente.

Después de espantarla un par de veces, pensó que tenia que prevenir, no fuera que la mosca entrara donde no debía y le complicara la vida. Sacó un pañuelo de papel, lo partió en dos y preparó dos torundas que sirvieron para tapar aquellas inmensas fosas nasales.

Cuando volvió a sentarse, comprobó que de los tapones solo quedaba uno. Se acercó de nuevo para comprobar que uno se había caído y reposaba sobre su pecho. Se lo volvió a colocar. Pero empezó a inquietarse, algo no funcionaba como debía.

Una bombilla se fundió de repente en el techo, solo la lámpara de pié y los cirios alumbraban la estancia, y una repentina corriente de aire empezó sentirse en la habitación, provocando el movimiento de las llamas y lanzando extrañas sombras sobre el recinto.

Buscó inútilmente en los bolsillos por si llevaba un mechero, pero evidentemente no era su día de suerte.

Intuía que se irían apagando las velas, y no le apetecía quedar a oscuras. Si al menos pudiera detener la corriente de aire… ¿Por dónde demonios podría haber entrado la mosca?.

Pero las puertas cerraban bien, y el aire procedía del centro de la habitación, donde estaba el túmulo. Se acercó a pasos quedos, intentando no despertar al muerto, y con un dedo mojado en saliva, fué buscando la orientación de la brisa.

A medida que se acercaba, oía además un tenue silbido, era como si hubiera una espita de gas abierta.

No había duda. Las aletas de la nariz se le movían a Don Cosme porque de ellas salía una corriente de aire, y los tapones estaban otra vez tirados sobre su pecho.

No era una respiración acompasada, era un flujo continuo de aire que parecía que iba aumentando por segundos.

Se había quedado clavado en el piso, no se atrevía ni a avanzar ni a huir, esperaba que de un momento a otro su pecho se fuera abombando o su mano se levantara, pero no, el cuerpo permanecía inane, y lo que era más extraño, aquel aire que expiraba continuamente, ¿Por dónde entraba?

Pensó que a lo mejor solo eran gases fruto de la descomposición, y acercándose, y haciendo un gran esfuerzo, con el pulgar y el índice, hice pinza para taparle la nariz.

En aquel momento abrió los ojos.

Soltó inmediatamente, ahogando un quejido, la prominente napia.

Los ojos se cerraron de nuevo, a la vez que las velas indicaban que había otra vez corriente de aire, y la habitación empezó a oler a muerto.

Era un olor indescriptible, como mezcla de ajos podridos y pedos de rata.

Tenía que parar aquella corriente de aire.

Lo intentó de nuevo. Esta vez, mientras con una mano le tapaba la nariz, con la otra, impedía que abriera los ojos. Lo que tenía claro era que si dejaba resoplando al muerto, no iba a cobrar la cangurada.

Por un momento, todo fue bien, el aire no salía y los ojos permanecían cerrados, pero de repente se oyó un tremendo estruendo. El buen hombre, tardó un poco en reaccionar, sin saber lo que era. Pero el olor que invadió la estancia, era inconfundible, el ruido era un enorme pedo.

El muerto se había cagado.

Por el borde del catafalco, un apestoso hilito color marrón, iba descendiendo hacia el suelo.

No había ya ninguna razón para quedarse, sabía que no cobraría, pero tampoco tenía que haber salido corriendo, porque la mierda en el suelo provoca a veces, tremendos patinazos y mortales caídas.

Los familiares, al día siguiente, necesitaron mascarillas para entrar en el recinto. Cuando lo hicieron, encontraron dos fiambres, uno con un rictus de muerte y la cabeza partida, otro, con las comisuras de los labios algo dilatadas, según como se mirase, parecía que sonreía.

Tenía, eso sí, la nariz cuidadosamente tapada. Evidentemente, el olor de la habitación no lo soportaba ni un muerto.

Una enorme mosca también había sucumbido a los efluvios.

28 Desembre 2009 - Posted by | Relatos | , ,

2 comentaris »

  1. Madre mia!!!!!!!!
    aqui si que muere hasta el apuntador…
    te has cargao hasta la mosca…
    aysssss que misterio…
    besos.

    Comentari per lola | 28 Desembre 2009 | Resposta

  2. dfsdfaa
    kjhgjh

    Comentari per Flasus | 11 gener 2010 | Resposta


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