X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

Duelen al salir. (El Club de los Jueves)


Escrito por: f-menorca el 04 Jun 2009 – URL Permanente

Eudaldo, no recordaba el momento exacto en el qué se dio cuenta de que su mujer le engañaba, pero de repente lo supo. Fue como una revelación, un instante en el que todo se junta y de repente ves con claridad lo que hasta ahora era algo oculto.

El primer sentido que le indicó que había algo extraño, fue el olfato. Habitualmente, llegaba a las ocho de la tarde a su casa después del trabajo, y un día, cuando subió a cambiarse a su habitación, se dio cuenta que el cuarto de baño, olía a jabón, a suavizante, a humedad. Fue solo un flash, una impresión que pasó por su consciente sin dejar huella, pero que dejó una marca ahí detrás, en el bebedero de las ideas.

Su subconsciente había tomado nota de que su mujer se duchaba cada día por la mañana, y alguna vez también por la noche, pero a media tarde era algo extraño, ilógico.

La vista fue la que puso el segundo dato, hay miradas que buscan y otras que buscan ver si te miran. Hay ojos huidizos y parpados que ponen pantallas. Y él, notó que la mirada de su mujer no era siempre directa, a veces la desviaba, como si tuviera algo que esconder.

Y la casualidad también juega. Tropezar con el cubo de la ropa sucia, y al recogerlo, ver aquel tanga rojo que le había regalado hace un año, puesto para lavar, no es algo que pueda extrañar a nadie, salvo que se lo hayas visto poner por la mañana.

Y recordando, los olores del cuarto de baño y las miradas furtivas, empezó a ligar cabos y a vigilar.

También se dio cuenta de otras cosas que hasta ahora le habían pasado desapercibidas, su mujer había pasado de desnudarse de una manera desinhibida y hasta provocativa cuando se iban a la cama, a hacerlo de una manera recatada y púdica, girándose al quitarse el sujetador y sentándose en la cama para ponerse los pantalones del pijama.

Era un cambio de actitud, un alejamiento, ocultar otra vez la mirada y el cuerpo.

Los siguientes días fueron de recelo y observación. Por sistema, cuando llegaba, tocaba las toallas, revisaba el cubo de la ropa sucia e incluso los cajones de la ropa interior.

Cada vez había más evidencias, y el día en que más, el jueves. Ella libraba por la tarde ese día, con lo que todo encajaba.

Y un día, jueves por la tarde, se decidió a ir a su casa un par de horas antes que de costumbre.

Abrió la puerta del piso como un ladrón, despacito, sin hacer ruido, vio que no había nadie en el pasillo ni en la salita, y, procurando pisar quedo, fue entrando. Nadie en la cocina, ni en el salón, y de la puerta del dormitorio, pese a estar cerrada, se oían unos ruidos.

Se le nubló la vista, porque hasta el último momento había albergado la esperanza de que no fueran ciertas sus sospechas, pero los ruidos eran los de dos personas follando. El rencor fue subiendo poco a poco por su pecho, le hizo un nudo en el pecho, quiso llorar y solo pudo ahogar un gemido.

Cogió de la cocina el cuchillo grande, el de la carne, y empuñándolo con decisión, abrió la puerta del dormitorio.

Su mujer y su amante, pillados en plena faena, soltaron un grito al verle aparecer con el arma y la cara desencajada. Sus rostros, que hacía unos segundos reflejaban placer, habían cambiado y ahora mostraban miedo.

Eudaldo, después de la impetuosa entrada, se quedó parado, petrificado. Sus ojos no daban crédito a lo que veía. Todos sus esquemas se derrumbaron de repente, empezó a comprender demasiadas cosas. Después de un segundo eterno parado mirándolos, se olvido que tenía un cuchillo en la mano, olvidó su venganza, y salió de la habitación balbuciendo un: ¡Perdón¡ .y cerrando la puerta tras de si.

Fuera de control, buscó un sitio del piso para esconderse, pero sesenta metros no dan para mucho, por lo que cogió la americana y las llaves y salió. En el ascensor se dio cuenta de que aun llevaba el cuchillo en la mano, por lo que lo escondió entre la chaqueta, y lo dejó en el paragüero de la entrada antes de salir a a la calle.

Estuvo andando sin rumbo durante mucho tiempo, hasta que encontró un bar de esos en los que los clientes en vez de estar erguidos en los taburetes de la barra, están inclinados sobre ella, apoyando los codos y adorando su copa.

Ocupó uno de los asientos vacíos, y pidió una cerveza. No se atrevió a pedir un whisky doble que era lo que le apetecía, para disimular un poco, porque la camarera ya le había echado un par de miradas compasivas. Por un momento pensó que ella ya sabía que era un cornudo.

A la tercera cerveza, su pensamiento empezó a encauzar la situación, y a la quinta, su plan parecía bueno. Hicieron falta todavía tres mas y algunas visitas al cuarto de baño, para tomar una decisión.

Eran ya más de las ocho, hora de regresar a casa. Lo hizo despacito, pero bastante seguro de la decisión tomada. El trayecto andando le ayudó a despejarse un poco y coger un poco de aire para afrontar el regreso después de su huida.

Entró decidido en su casa.

¡ Hola cariño ¡ ¿Cómo estás?

Dio un beso en la mejilla a su mujer que ponía cara de circunstancias, y se sentó en su butaca frente al televisor.

¿Me traes una cerveza? Hoy he tenido un día terrible en la Emisora

Y su mujer, le trajo también unas aceitunas y le dijo que le prepararía un filete para cenar.

Había sido más fácil de lo que pensaba, pensó, había cumplido la primera parte de su plan.

Más difícil seria la segunda parte, pero tenia todavía tres días para pensar hasta el domingo, que habia que ir a misa.

Suponía que también seria capaz de hablar con naturalidad al cura, y escuchar su hermoso y divino sermón, sin pensar en aquella sotana tirada en el suelo junto a la cama, como un enorme gato negro acechando. Al fin y al cabo él era el que había conseguido que le contratasen en la Emisora del Episcopado, y de él dependían su continuidad y sus posibilidades de ascenso en su trabajo.

Y es que los cuernos duelen al salir, pero a veces ayudan a vivir.

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Esta semana el tema era “Cambio de opinión”, yo sumo mi granito de arena en un tema harto manido. Como siempre, los trabajos de fotos o buscar música idónea para el relato son mérito de Cristina.

Otros cambios en:

crariza;

psiquiatra de familia;

7 Desembre 2009 - Posted by | Relatos

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