X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

UN ORGASMO ANUNCIADO. (El Club de los Jueves)

08 Oct 2009


Escrito por: f-menorca el 08 Oct 2009 – URL Permanente

El tema propuesto esta semana es: “Limites” sin ninguna limitacion de tipo. Ésta es mi aportación.

Ayer sufrí una violación. Aunque, no sé si se puede llamar propiamente a eso violación, pero lo cierto es que fui forzada, yo no quería, no deseaba hacer el amor con Víctor. El me obligó, hizo caso omiso a mis quejas, jugó con la baza de que sabía que yo no gritaría ni pediría auxilio.

Es evidente que no lo voy a denunciar, esto acabaría con mi matrimonio y con mi prestigio, sería el hazmereír de todas mis amigas, de mi circulo social. No esto no lo voy a hacer.

Pero estoy asustada por lo que ha pasado. Yo soy una mujer católica, fui educada en el seno de la santa iglesia católica, y era hasta hoy, una persona fiel a mi marido y al sacramento del matrimonio.

Me casé con mi primer y único novio, asistimos a los pertinentes cursillos prematrimoniales con el cura de la parroquia, y nos quedó muy claro que debíamos permanecer castos hasta el día de la boda.

Aún recuerdo aquella noche. Llegue al matrimonio virgen y con la lección muy bien aprendida, porque ademas de los cursillos, el mosén de la familia, me había estado aleccionando sobre los peligros del sexo y me había enseñado como debía tratar a mi marido en la cama.

Salí del baño con el camisón blanco herencia de mi bisabuela, y dejé que mi marido hiciera uso de su derecho. Fue difícil soportar aquello, el quería que yo también lo tocara y yo ponía las manos lejos para no hacerlo. Pero lo más complicado fue pensar en otras cosas tal y como me había indicado el mosén. Tenía que evitar la concupiscencia y el pecado. Tenia que abstraerme, pensar en la cocina y en la decoración de la casa, cualquier cosa era buena para limpiar la mente.

Con los años, la cosa se fue suavizando. Yo sabía que el sábado había sexo y procuraba desde mucho antes, llegar pura al encuentro sexual, y sobre todo evitar el placer, y esperar el momento en que él terminaba para emitir un gemidito y ladear la cabeza levemente tal y como me habían enseñado. Ya no necesitaba pensar en otras cosas para evitar la tentación, me bastaba abrir ligeramente los ojos y ver la cara de estreñido crónico de mi marido y oír sus rebufos compulsivos para sentir hasta un poquitín de asco.

Conseguí que mi marido me permitiera trabajar en una oficina. Era una manera de salir de casa, y entretenerme, porque económicamente no lo necesitábamos. Siempre mantuve una distancia de respeto con mis compañeros y vestia siempre de una manera muy discreta, ellos sabian que yo era una mujer “casada”

Pero entró un día a trabajar con nosotros Víctor, joven, guapo, simpático, se puso a todos en el bolsillo desde el primer momento. Era dicharachero, jovial y sobre todo, un
auténtico sinvergüenza.

No disimulaba su faceta donjuanesca y libertina, incluso hacia ostentación de ella, sobre todo los lunes, cuando llegaba con las gafas de sol y menos sociable que de costumbre.

No se por qué, fui objeto preferente de sus bromas y de su atención. Venia por detrás y me soplaba en el oído, hacia amagos de tocarme el culo cuando pasaba a su lado, me echaba piropos, alababa mis vestidos y mis perfumes, incluso me traía bombones y chucherías.

Al principio le rechazaba airada y le reñía, pero el no se inmutaba y se tomaba las broncas a risa. Llegué a acostumbrarme y a no hacerle demasiado caso, porque en el fondo me divertía, y aunque no quería reconocerlo, me gustaba que me hicieran caso.

Un día me regaló flores. Estuve a punto de ponerme a llorar. Recordé de repente, el ramo de flores de cuando me casé.

Aquel ramo que tiré hacia atrás con fuerza para que lo recogiera la próxima en casarse. Era el primer ramo que tuve en mis manos, Y LO TIRÉ.

Nunca antes me habían regalado flores. Tampoco después de la boda, Ni siquiera cuando tuve los niños. Me taparon de camisitas, pantaloncitos, gorros y calcetines, pero ni una flor.

Y ahora, recibía un ramo precioso de un mocoso al que le doblaba la edad. ¡Que extraña es a veces la vida¡ Lo tuve mucho tiempo sobre la mesa de mi despacho, cambiándole el agua cada día. No me atreví a llevármelo a casa.

Empecé a mirarme a Víctor con otros ojos, ya no le reñía, sino que le reía las gracias Y cuando en vez de amagar el cachete me lo daba, no me preocupaba demasiado, simplemente intentaba pasar más lejos de su mesa la próxima vez.

Pero lo que sucedió ayer, me ha dejado totalmente trastornada. Me había quedado rezagada acabando un trabajo después que todos se hubieran ido, pero el, que solía esperarme fuera para invitarme -siempre inútilmente- a un café, volvió, y no fui capaz de parar su ímpetu y su empuje. Allí mismo, en el suelo, junto a la mesa de trabajo, con la compañía de la papelera que se había volcado, fui forzada.

Quizá debí resistirme más, gritar, llorar, pero temí que me desgarrara la ropa o que me dejara algún moratón o marca.

Pero lo peor no fue eso, sino que por una vez, no fui capaz de evadirme, de pensar en otra cosa, mi mente no se dejó engañar y sentí uno a uno los estímulos que me llegaban de él.

Incluso creo que en vez de tener los brazos lacios a los costados como hacia con mi marido, le agarré aquella espalda que iba y venia sobre mi. Estuve pendiente, demasiado pendiente de mi cuerpo y del suyo.

Me odio a mi misma, porque mi cuerpo, en esta ocasión, no obedeció a la mente, y pienso que lo de ayer, puede volver a suceder, tengo que parar eso, como sea, porque si se produce otra vez, voy a llegar al límite, voy a tener un orgasmo

Encontrareis otros relatos con el mismo tema en:

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6 Desembre 2009 - Posted by | Relatos

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