X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

Pan duro y tomatina.

26 Ago 2009


Escrito por: f-menorca el 26 Ago 2009 – URL Permanente

Mi abuela prefería el pan duro al del día. Esto es lo que decía, creo que consiguió engañar a casi todos. Yo sabía que no era cierto. A lo mejor lo sabían todos, pero le seguían la corriente. Era su manera de evitar que se tirara el pan. Decía que era pecado.

El pan lo guardaban en un cajón del aparador. Era el cajón del pan. Allí convivían los mendrugos del día anterior con el recién comprado. En la panadería lo vendían a peso, pedias medio quilo y te daban una barrita y un trocito más para llegar a lo que pedía el comprador. Hoy en día, habría que hacer alguna regla de tres para saber el verdadero valor de pan.

Para cortarlo usaban “La Ganiveta”, femenino de Ganivet, cuchillo en castellano. No se por qué se llamaba así. Era un cuchillo forjado ,de una sola pieza, de hoja lisa, ennegrecida por el uso, pese a que no conocía el agua. Era sólo para el pan y su filo describía una pronunciada curva hacia adentro producto del desgaste por el uso. El mango era plateado y pesado.

Un día nos enfadamos todos con ella, porque se cayó el florero sobre el cajón del pan, que estaba abierto, y la pillamos comiéndose el pan empapado con el agua de las flores, para que no lo tiraran.

Diréis que mi abuela estaba un poco trastocada, pero os equivocáis. Solo hay un motivo para su manera de actuar: Había pasado hambre. Y lo que es peor, había visto a sus cinco hijos pasando hambre.

Era la época de la gloriosa posguerra del glorioso dictador después de su gloriosa guerra.

Había poco dinero, y pocos sitios donde comprar que no fuera de estraperlo. A las cinco de la mañana hacia cola en el mercado, esperando que abrieran las puertas, con las zapatillas debajo del brazo, para poder correr mejor y adelantarse a los demás y poder comprar algunas verduras o patatas antes que se terminaran. Luego iba a por el pan y pedía que le dieran el del día anterior, porque cundía más, sus hijos tenían hambre.

Yo en parte, he heredado es espíritu de mi abuela, no me gusta tirar nada de comida, lo que sobra, sirve para el día siguiente, y os puedo asegurar que soy un experto en aprovechar las sobras. Y si algo se tiene que tirar, se tira, pero antes tiene que pasar unos días en la nevera.

Y también está el perro, y las tortugas, que se llevan parte del botín. Ayudan a la necesaria limpieza del frigorífico.

Pero hoy, hay una noticia que afortunadamente, mi abuela no va a ver, murió en el 74, cumpliendo su deseo que había manifestado muchas veces de que Dios le diera un día más de conocimiento que de vida.

La noticia es que hoy en Buñol, se celebra la “tomatina”, un esperpento estúpido en el que se tiran ciento cuarenta toneladas de tomates.

Es inaudito tanto despilfarro, en un mundo en el que todavía hay gente que se muere de hambre. La tomatina de Buñol clama al cielo. Los que tiran con tanta frivolidad los tomates deberían saber lo que es pasar hambre.

No creo que nunca visite este pueblo, si por alguna casualidad paso por allí, os podéis imaginar que intentaré salir lo antes posible, la estulticia supina es contagiosa.

Anuncis

6 Desembre 2009 - Posted by | Recuedos de niñez

Encara no hi ha cap comentari.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

w

S'està connectant a %s

%d bloggers like this: