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Yo soy yo, y comparto circunstancias

NARCISO BELLO

29 Oct 2009

NARCISO BELLO

Escrito por: f-menorca el 29 Oct 2009 – URL Permanente

Dos espejos en ángulo recto en un rincón, eran la solución perfecta. Era “su” esquina, situado allí, tenia una visión panorámica de todo su cuerpo,visión total. Frente y perfil a la vez. Porque el perfil era muy importante, una vez estuvo a punto de salir con unos pantalones que eran perfectos vistos por delante y por detrás, pero que desde los lados se le hacia el culo demasiado respingón. Hubiera sido un desastre no darse cuenta.

Pasaba mucho tiempo frente al espejo. Primero se observaba desnudo, revisando punto a punto su cuerpo, no quería sorpresas y en estas cosas, la prevención siempre es un grado, luego se iba vistiendo poco a poco, revisando los efectos que las sucesivas capas de su vestuario iban haciendo sobre su aspecto. A veces. incluso se acercaba a besarse, era un impulso irresistible al verse tan bello.

Y ahora estaba allí, de cuerpo entero, vestido de novio, a punto de salir hacia la iglesia, dando un último repaso a su atuendo.

Lo que no sabía todavía era que su matrimonio no duraría ni veinticuatro horas. En realidad, él, ya intuía que no tenía que haberse casado, pero claro, el clamor de todas las jóvenes de su entorno era tal,su belleza trascendía tanto, que tuvo que elegir novia. Eligió, por supuesto a la más guapa, a la más perfecta, fina de piel y delicada.

Su noviazgo duró tres meses, los suficientes para que odiara a su futura familia política. Eran todos tan vulgares que le parecía imposible que de “aquello” hubiera surgido una criatura tan hermosa como su amada.

Preparó la boda con esmero y con dedicación absoluta, tuvo que pedir una excedencia en su trabajo para no agobiarse. Las prisas le hacían sudar y esto era algo horrible, y le producían arrugas.

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Pero el evento fue perfecto, la novia, las damas de honor, los músicos, el convite, el pastel, todo fantástico. Del novio, no quería hablar para no parecer engreído, pero estaba seguro que no había habido ninguno antes tan elegante. No en vano estuvo desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde en que se casaron, arreglándose y vistiéndose. Menos mal que contrató a un peluquero y a una maquilladora, que si no no le hubiera bastado el tiempo.

Y su madre, empeñada en que tenía que comer, dándole pequeños trocitos de pan Bimbo con cuidado para no manchar sus labios. Esas mujeres, a veces son de lo más inoportuno.

Había previsto hasta el más mínimo detalle, el pijama de seda negro con incrustaciones de oro con el que salió del baño hacia el tálamo nupcial era de ensueño. Ella le esperaba pudorosamente cubierta por una sábana con el pelo rubio esparcido sobre la almohada.

Hicieron el amor como expertos y ardorosos amantes, la laca que se había puesto en el pelo, impedía que se le descolocasen los rizos, y la sesión de sexo, fue perfecta.

A media noche, con ella ya dormida, se levantó a ponerse la redecilla y un poco de polvos talco, no fuera que con las rozaduras propias del acto sexual se hubiera enrojecido alguna parte de su cuerpo.

Volvió a la cama satisfecho y sonriente, la luna a través de la ventana realzaba la cara de ángel de su esposa.

Lo que no esperaba, para lo que no estaba preparado, era que al amanecer, cuando los rayos del sol sustituían a los de la luna, y él, embelesado, contemplaba las enormes pestañas de la bella esposa que dormía a su lado, que de repente, ella levantando un poco una pierna, soltara un estruendoso y apestoso pedo.

Saltó de la cama como un poseso, aireando con la mano su entorno, para que el olor no lo invadiera. Luego, cuando se despejó el ambiente y él se recompuso un poco, se sentó lejos de la cama, contemplándola, ni siquiera se había despertado, pero algo se había roto para siempre en su matrimonio.

Estuvo pensando largas horas, triste y acongojado, hasta que una idea, le iluminó el rostro.

Sonrió, pensando que para celebrar el divorcio también podrían hacer una gran fiesta, con damas de honor, músicos y una ceremonia solemne y fantástica.

El se compraría para el evento un traje de satén azul, con brocados color plata y llevaría un pequeño lazo negro en la solapa en señal de duelo por el matrimonio roto….

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6 Desembre 2009 - Posted by | Relatos

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