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Yo soy yo, y comparto circunstancias

FAUSTINO EL “MANITAS” El Club de los Jueves

15 Ene 2009


Escrito por: f-menorca el 15 Ene 2009 – URL Permanente

Faustino, empresario catalán del textil, estaba preocupado por su matrimonio. Hacía días que notaba que su rutina había cambiado, ya no eran una pareja que vivía juntos el día a día, su mujer estaba demasiado expresiva, demasiado pendiente de llevarse bien. Iba más arreglada, más preocupada de su físico, de la peluquería, del gimnasio, de la dieta. Pero sobre todo la veía más alegre, más contenta, dicharachera, simpática, como si le sobrara energía, vitalidad. Como si tuviera una vida paralela a la que vivían juntos y que la hacia feliz.

Aumentó su confusión al repasar las facturas de casa a fin de mes. Había una de reparación de un grifo, una de electricidad, cosa de un interruptor, una del frigorífico, y otra de la cocina.

Podía haber sido casualidad desde luego, pero lo curioso era que el mes pasado, había también facturas varias de reparaciones en casa, al parecer, se había estropeado el termo, habían venido a reparar una gotera, y el operario de telefónica había dejado una cuenta de revisión del ADSL

Pero por otro lado, estaba contento de verla tan feliz y tan alegre, y también tan vital y tan activa en la cama. Prácticamente cada día le pedía guerra, y sus polvos habían mejorado mucho, no solo en cantidad, que era evidente, sino en calidad. De hecho, estaba un poco agotado. A veces le decía, que si seguía así, tendría que buscarse un novio, y ella reía con ganas y volvía a buscarle las cosquillas.

Y él, preocupado y confuso, pensaba y pensaba, porque de hecho no era que su matrimonio no fuera bien, sino que iba demasiado bien, demasiado rodado, era como vivir un episodio feliz y le daba miedo que aquello no fuera sino el preámbulo de una crisis.

En las cuentas del mes siguiente, volvía la retahíla de facturas, ésta vez el carpintero había arreglado una cerradura, el pintor había solucionado un problema de humedad en su dormitorio, y el ordenador había necesitado una puesta a punto.

Lo curioso del caso era que él se enteraba de las reiteradas reparaciones por las facturas, no le consultaba, ni le pedía como hacía antes que avisara al carpintero o al albañil. Ella se encargaba de llamarlos y los trabajos se realizaban mientras él no estaba en casa. Ni se daba cuenta del problema ni veía la solución, sólo la factura inmisericorde que llegaba cada fin de mes.

Al final decidió ir a un investigador privado para que le indicara lo que tenía que hacer, había intentado hablar con su mujer, pero ella le decía que la culpa era suya por ser incapaz de arreglar nada, y como era verdad, tuvo que callar.

El detective, le dijo que la única solución para saber lo que pasaba en su casa era instalar un circuito de cámaras y grabar lo que acontecía durante su ausencia. El presupuesto era caro y la logística complicada, pero accedió, le dijeron que lo podían facturar como gastos de empresa, y esto acabó de decidirlo. La instalación se hacía en dos horas y se tenían que poner de acuerdo algún día que fueran a cenar o de compras para que que la empresa especialista instalase las cámaras.

Y el fin de semana, pudo conseguir sacar a su mujer de casa durante el tiempo suficiente para que los “fontaneros” hicieran su trabajo.

Durante toda la semana siguiente, se fue moviendo por su casa como si estuviera en un mostrador, sabiendo que todo lo que pasaba estaba siendo grabado. Tenía una reunión con el detective el jueves, y le costó esperar a que llegara el día.

Cuando llegó a las oficinas del investigador privado, le esperaban ya en la sala de proyecciones, le habían preparado un vídeo de los momentos más interesantes de lo grabado.

El trágala, duró poco más de veinte minutos. Durante este tiempo, pudo ver cómo muchos días, a media mañana, entraba algún operario en su casa, y como su esposa se lo pasaba por la piedra con una habilidad, solvencia y dedicación que asustaría hasta a un cura. Vio pasar a rudos fontaneros, espigados carpinteros, encorbatados informáticos, zafios carteros, hasta el frutero con su inmenso bigote y el botones del hotel, joven y barbilampiño, hacían preciosos trabajitos a su querida esposa.

Salió furioso de la entrevista con el vídeo de las pruebas de las escenitas de cama en la cartera.

Cuando llegó a su casa, se puso a revolver como un poseso en su escritorio, estuvo recopilando todas las facturas que tenia de los tres últimos meses, luego las puso por orden, las numeró y las cotejó con el calendario, apuntó también las notas del supermercado, de la frutería, del mensajero, todo lo dejó ordenado y preparado.

Estaba a punto de salir con su legajo de facturas, cuando entró su mujer. Venia como siempre, alegre y contenta, dijo que venía del gimnasio.

-Claro, el gimnasio, -pensó-, se le había olvidado el gimnasio, y también la esteticienne, y el masajista, y la sauna. Pero no importaba, con lo que tenía en la cartera de momento, había más que suficiente.

-Me voy querida, tengo mucho trabajo, tengo que hacer unas visitas a unos profesionales que hacen reparaciones a domicilio.

Porque –pensaba mientras bajaba la escalera- uno puede ser un cornudo, pero tonto no. Voy a conseguir que me devuelvan el dinero de todas estas reparaciones.

OTRAS REPARACIONES DEL Club de los Jueves.

6 Desembre 2009 - Posted by | Relatos

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