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Yo soy yo, y comparto circunstancias

DIGNO. (El Club de los Jueves)

05 Nov 2009


Escrito por: f-menorca el 05 Nov 2009 – URL Permanente

La luz del exterior, le empujó de nuevo hacia dentro del portal. Buscó rápidamente en su bolsillo las gafas de sol. Aún así, medio cegado, tuvo que esperar un tiempo a salir de nuevo a la calle.

Mientras esperaba a recuperar la visión, fué recordando la historia. Había empezado unos meses antes. Le conoció en un blog por internet, anunciaba su poder para potenciar los sentidos. Se hacía llamar “Digno”

Al principio le hizo gracia, y empezó un dialogo con él. Supo que alardeaba de aumentar la capacidad visual, auditiva, táctil, olfativa y gustativa de cualquier persona que se sometiera a su terapia.. Era, -decía- el amo de los sentidos, primero los comprimía en un punto de la mente, para posteriormente expandirlos y dejarlos crecer y crecer y crecer.

Cualquier alumno de “Digno”, con solo una sesión podía duplicar y hasta triplicar su capacidad sensorial.

Decidió decirle que no, pese a lo módico del precio de una sesión, pero siguió manteniendo el contacto con él y dejándole comentarios en su blog. Le caía bien el tipo.

De alguna manera, la propuesta era tentadora. Tener una vista muy aguda, para ver perfectamente lo lejano, o un oído extremadamente fino para oír las conversaciones de sus compañeros de oficina, era lo que más le tentaba. El olfato, el gusto y el tacto, los dejaba en un segundo plano, pero de eran un factor añadido al paquete que le ofrecían. Quizá podría llegar a ser un gran catador de vinos. O que le contratase alguna empresa de perfumes.

Un día, por fin, decidió aceptar la oferta.

El conocerle no le decepcionó, era tal y como se lo había imaginado. Viejo, alto, enjuto, con larga barba blanca y con unos ojos pequeño,s hundidos en la cara como alfileres negros.

Horas después, salía un poco confuso, sin saber si había hecho bien o mal en aceptar sus servicios.

Después de un rato, detrás de sus gafas negras, se decidió por fin a salir a la calle. Un tufo a sudor y a humanidad, le abofeteó solo pisar la acera. A la vez, millones de sonidos se iban turnando en sus oídos como compitiendo por ser el primero en llegar.

A duras penas, pudo contener el equilibrio, porque además, sentía el sabor del aire que se le pegaba al paladar, los movimientos de su lengua iban separando uno por uno todos los influjos que se amontonaban en su papilas gustativas.

No sabía dónde poner las manos, le molestaba el roce con la chaqueta, notaba cada una de los surcos de la tela, podía incluso intuir las puntadas del telar.

Su campo de visión era inmenso, y mil sonidos retumbaban en su mente, mientras las aletas de su nariz temblaban acosadas por aromas entremezclados, y un sabor agridulce se movía por su paladar.

Rompió a correr desesperado, en una huida imposible ya que él era el centro de recepción de todos aquellos estímulos que lo asediaban.. Cuanto más corría, mas lejos alcanzaba su mirada y mas fuerte resonaban los sonidos y su olfato le obligaba a levantar la cabeza como un caballo que abre sus ollares al viento.

Se cruzó con gente que le miraba confusa, pasó entre los coches, cruzó jardines, saltó semáforos en rojo y provocó el caos en las calles.

Cuando quiso preguntarse por que corría, ya estaba en medio del puente que cruzaba el rio.

Se asomó a la barandilla y a lo lejos, desde el fondo del agua, vio a un pez que le sonreía, y oyó nítido el rumor de las aguas y el olor a humedad le llegó hasta el cerebro, anheló con todas sus fuerzas palpar aquella pátina de agua tornasolada por el sol.

Un montón de crucecitas blancas estaban marcadas con tiza detrás de la puerta, la ultima había sido marcada hacia muy pocos minutos, por un anciano alto, enjuto, con barba blanca y ojos negros como alfileres, se había levantado, sonriente, dejando el periódico encima de la mesa. En el periódico, en primera plana, la noticia de un nuevo suicidio en el puente.

Sin darle tiempo a sentarse, sonó de nuevo el timbre.

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6 Desembre 2009 - Posted by | Relatos

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