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Yo soy yo, y comparto circunstancias

EL ESPEJO CABRÓN (El Club de los Jueves)

12 Nov 2009


Escrito por: f-menorca el 12 Nov 2009 – URL Permanente

Había visto la nota en el tablón de anuncios de la facultad. Ponía: “Regalo piso”.

Sabía que había truco, nadie va regalando pisos por ahí como si fueran churros, pero la oferta era interesante. Llamó al teléfono de la nota, y le explicaron que en realidad, el piso se ofrecía a cambio de la subrogación de la hipoteca. Cosas de la crisis, le dijeron.

El piso era precioso, amplio, soleado, y bien comunicado. Las condiciones económicas, insuperables, y además, la propietaria le cayó bien, era una chica de su misma edad, que se había separado de su pareja y además se había quedado sin trabajo. Decía que el piso le daba mala suerte y había decidido volver a casa de sus padres y dar por perdido lo invertido en la casa, incluso los muebles, todo lo dejaba.

Al día siguiente ya estaban en el banco firmando el traspaso de la hipoteca.

Cuando se despidieron, después de darle las llaves, la chica, arrastrando la pesada maleta que era lo único que se llevaba, le dejó un poco sorprendido al decirle:


¡Y cuidado con el espejo cabrón!

Se quedó con la frase, pensando si había hecho una pausa después de decir espejo. Porque no era lo mismo que hubiera un espejo cabrón, a que el cabrón fuera él y tuviera que ir con cuidado con algún espejo.

Por lo pronto, lo primero que hizo fue hacer un repaso a todos los de la casa. Estaba el de la entrada que parecía antiguo, enmarcado en madera y de forma ovalada. El del cuarto de baño, normalito, sin demasiadas aspiraciones, y otro en la puerta del armario de la habitación, era de cuerpo entero y hacia rechinar con su peso las bisagras de la puerta. El único que podía parecer sospechoso era el del recibidor, pero tampoco era tan raro.

Dio una vuelta satisfecho por su nueva propiedad, mirando los muebles que le servían y los que iba a cambiar, repasando mentalmente dónde poner cada cosa. Se paró frente al mueble de la entrada, encima estaba el espejo. No le gustó verse reflejado en él, le hacía más viejo, como con arrugas, como si fuera otra persona. Definitivamente lo iba cambiar, además, era lo primero que se veía cuando se abría la puerta, y pensó que tenía que poner algo más bonito.

Por eso, al irse, mientras cerraba la puerta, le espetó:


¡¡Adiós, espejo cabrón¡

Se lo dijo festivamente, sonriendo, contento como estaba de su nueva casa. Lo que no esperaba es que un segundo antes de oír el clic del pestillo que cerraba la puerta, oyera una voz ronca y fuerte que decía:


¡¡TU PADRE¡¡

Por un momento estuvo a punto de volver a entrar, pero se rió de sí mismo, pensó que su imaginación le había jugado una mala pasada y se fue.

El traslado duró dos días, uno no sabe los trastos que ha estado acumulando hasta que se ve en la necesidad de trasladarlos. Tiró un montón de cosas, y aún así, tuvo que dejar en un rincón del comedor, un montón de cajas que no sabía dónde colocar.

Cada vez que pasaba frente al espejo, evitaba mirarlo, le había cogido manía. Le molestaba su presencia, es más, lo odiaba, le parecía que tenía vida propia, y que perturbaba su vida

Por lo pronto, el primer día que durmió en su nuevo piso, lo bajó al contenedor junto con la basura.

Tuvo que volverlo a subir.

Al dejarlo sobre la acera, notó horrorizado que su imagen quedaba fija en el cristal, como si fuera un retrato, y le dio reparo dejarlo a la vista de todos.

Cuando lo colocó de nuevo en su sitio, se hizo a un lado y comprobó que de nuevo solo reflejaba la pared de enfrente.

Lo miró una y otra vez, desde un lado, desde el otro, desde abajo, todo parecía normal. Al ir a descolgarlo de nuevo, otra vez su imagen quedaba grabada, y no desaparecía hasta colgarlo de nuevo.

Aquel espejo estaba embrujado, tenía vida propia. Empezó a mirárselo con miedo, evidentemente lo que veía era su cara, pero le parecía que le estaba robando su imagen, que la manipulaba y se la iba desgastando poco a poco.

Le declaró la guerra total. Descartado el martillo, por lo de la mala suerte, había que buscar otros métodos.

Pensó que podría acercarse despacito, sin que lo viera, agachado, y cogiéndolo de abajo lo sacaría de su soporte. Suponía que el espejo retenía la última imagen antes de ser descolgado de la pared, y haciéndolo así solo quedaría la pared de enfrente y no su cara.

Quitó con cuidado el mueble que había debajo, gateó hasta situarse en su vertical, y con la espalda pegada a la pared,muy despacito, fue levantándolo hasta sacarlo fuera de la alcayata, lo hizo descender sobre su pecho, y lo colocó cara a la pared de enfrente.

¡Albricias¡, lo había conseguido, lo tenia desarmado y castigado cara a la pared, y lo había hecho sin que pudiera quedarse con su imagen.

Fue al salón a por un rollo de cinta de embalar y un cartón. Lo taparía y lo dejaría de nuevo en la basura.

A su espalda, un ruido le sorprendió, el espejo se había caído al suelo y desde allí, lo contemplaba desafiante.

Ahora ya no había por qué tomar precauciones, lo tapó con el cartón, y con la cinta de embalar, le dio vueltas y vueltas hasta dejarlo perfectamente embalado, como si fuera un paquete.

Se fue a cenar, esperando que llegara la hora de que pasaran los basureros, quería asegurarse de que se lo llevaban, y quería ver como quedaba triturado y hecho trizas dentro del camión.

Aun no había llegado al postre, cuando oyó el inconfundible ruido del camión de la basura. Aquel día, iban por lo visto adelantados.

Tuvo que correr, para coger su paquete y bajarlo. No quería dormir con aquello en la casa.

Cuando llegó a la calle, con el bulto a cuestas, el camión ya había sobrepasado su portal, pese a ello, se puso a correr, tal como iba, en batín y zapatillas.

La enorme máquina iba despacio, mientras los operarios iban tirando bolsas en la boca trasera.

El émbolo iba subiendo y bajando, machacando todo lo que le daban. Ya casi lo alcanzaba, pese a que el espejo parecía que cada vez pesaba más.

En un supremo esfuerzo, al llegar a su altura, lanzó a su enemigo al interior de la enorme trituradora.

Pero la alcayata, traidora, se había trabado en su manga. Para soltarse, se subió al estribo, pero la fuerza del espejo le arrastró hacia adentro.

Los basureros contemplaron horrorizados como la maquina se tragaba a aquel loco en zapatillas.

El ruido del cristal roto se mezcló con el de los huesos dejándose engullir por el monstruo.


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19 Novembre 2009 - Posted by | Sociedad

2 comentaris »

  1. Muy bueno, me ha gustado la idea de un espejo cabrón que no sólo te roba la imagen sino que además el cuerpo entero. Estupenda narración.
    Saludos

    Comentari per micromios | 20 Novembre 2009 | Resposta

  2. Gracias, espero que no os acordeis de mi al miraros al espejo. SEguro que los de vuestra casa son espejos amables.

    Comentari per xarbet | 20 Novembre 2009 | Resposta


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