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Yo soy yo, y comparto circunstancias

Especial Todos los Santos LA CHICA DE LA VEGA.

31 Oct 2009


Escrito por: f-menorca el 31 Oct 2009 – URL Permanente

No tenía que haberse ido de la fiesta. Al menos no tenía que haberse ido a pié, podía haber esperado a alguien que la acompañara, pero a veces, las decisiones no se piensan. Cansada de ver a su marido mariposeando con una de sus amigas, y viendo que de alguna manera, era correspondido, cogió el portante y se fue.

Ahora caminaba intentando llegar al centro, o al menos a una calle más concurrida, con aquellos tacones imposibles y con su vestido de fiesta. Sus pasos en el pavimento, sonaban en sus oídos, como martillazos. Es más, le parecía que aquel sonido se iba amplificando y reverberando a lo largo de toda la calle. A lo lejos, una débil farola se reflejaba sobre la humedad de la noche.

Había intentado llamar a un taxi, pero no conseguía comunicar, y su móvil, tenía ya solo una barra en el indicador de batería. Normalmente, lo cargaba siempre por la noche, pero aquella mañana lo había encontrado, inexplicablemente desconectado.

De las casas, no salía ni una sola luz, ni un solo sonido, ni siguiera el ladrido lejano de un perro que le indicara que estaba en una ciudad con vida.

El sonido de unos pasos, la sobresaltó. No eran como los suyos, impacientes y agudos, sino quedos y acompasados. Durante muchos minutos evitó girarse, pensaba que si no lo veía, a lo mejor dejaba de existir, pero se hacían cada vez más y más cercanos y volvió la cabeza.

Era un hombre alto, de espaldas anchas, con capa y sombrero de copa el que la seguía.

Aceleró el paso evitando correr, no tenía que dejarse atrapar por el pánico, pero los pasos seguían acercándose, se oían ya a menos de dos metros de su espalda.

Sacó el móvil del bolso, y marcó el 061. Cuando le contestaron, supo sólo decir su nombre, pero no donde se encontraba, intentó decirle a la policía que estaba en peligro, que alguien la seguía, en el momento en que su móvil se apagó.

Podía haber tenido en su bolso un silbato, a un espray anti atacantes, pero no, ella era confiada y no acostumbraba a ir por la calle sola de noche.

-No tengas miedo.

La voz, había sonada a su espalda, era una voz dulce, de mujer, que hizo que se girara de golpe.

A su espalda, a poco más de un metro, un ojo rojo brillaba en medio de un rostro de mujer con una cruz en los labios, debajo del mismo sobrero y la misma capa de su perseguidor,.las mismas espaldas anchas y amenazadoras se iban acercando..

Ahogó un quejido, porque esperaba ver una cara amable y amiga,, y volvió a apretar el paso.

-El bolso, por favor. Volvía a ser la voz de mujer.

Tiró el bolso al suelo, pensando que así se libraría. Por el rabillo del ojo, vio como lo recogía del suelo, pero no se paró, sino que siguió andando a su espalda.

Tenía que pasar, uno de los tacones se rompió. Intentó seguir caminando, pero era complicado tal y como estaba cojeando. Romper también el otro, golpeando contra el suelo, fue también imposible, hasta que al final, se quitó los zapatos, y presa ya del pánico, se puso a correr.

Pronto tuvo que parar, porque le faltaba el resuello y porque su seguidor, sin precipitarse, solo aumentado la zancada, seguía a su espalda.

El chal, por favor.

De nuevo aquella voz dulce y suave. Que le recordaba a alguien.

Llevaba un vestido sin mangas y un chal encima de los hombros, y no dudó en quitárselo y dejar que cayera al suelo.

Pero el seguimiento continuaba, y ella, antes que se lo pidiera, se fue quitando el reloj, las pulseras y hasta los anillos y, a medida que los iba depositando en el suelo, el otro los iba recogiendo.

Dio un respingo y echo a correr al notar en el cuello algo metálico que la rozaba. A la vez que corría, notaba como su vestido se desgarraba de arriba abajo. Debía de haber puesto un gancho o algo parecido para producir aquel estropicio. Con la espalda abierta, notó dos veces más el gancho en la espalda, su sujetador quedó también roto y maldijo el haberse puesto aquella noche un tanga, la tira posterior colgaba ya a los lados, partida por la mitad.

Seguía huyendo, con los brazos cruzados sobre el pecho, sujetando los restos de su vestido, medio andando medio corriendo, cuando a lo lejos, vislumbró la luz verde de un taxi que estaba parado en medio de la calle.

Haciendo un gran esfuerzo, emprendió una veloz carrera, lastimándose los pies, hasta llegar al coche.

Abrió la puerta y entró.

El conductor,para su sorpresa, también llevaba capa y sombrero de copa, y ni siquiera giró la cabeza. Le pidió que la llevara a su casa, que un hombre la perseguía, pero solo obtuvo el silencio por respuesta.

Con eso, su acosador, había llegado a la altura del taxi, abrió la puerta de delante, y se sentó junto al conductor. Este, arrancó despacio el coche.

Intentó salir, ya que iban muy despacio, pero las puertas estaban atrancadas, tampoco pudo bajar los cristales. Estaba atrapada, no tenía escapatoria. En la parte delantera del taxi, dos figuras iguales, con capa y sombrero de copa, seguían en silencio, impasibles. A través del retrovisor, dos ojos rojos se iban encendiendo y apagando

El taxi, transitaba despacio por calles apenas transitadas, las personas con las que se cruzaron, merecían tan poco confianza como sus raptores.

Hizo un poco de análisis de la situación y se puso más nerviosa todavía. Sentada en un taxi, con dos desconocidos, con el vestido abierto por detrás, sin bolso, sin móvil, maldijo el momento en que decidió salir de la fiesta, y maldijo también a su marido.

Y aquella voz femenina del hombre que la perseguía, que le recordaba a alguien que no conseguía recordar. ¿A la amiga que tonteaba con su esposo quizás?

El taxi, se fue adentrando poco a poco por calles marginales, llenas de gente borracha, orinando en las aceras, y con parejas que hacían el amor en los portales.

Los cristales de atrás fueron bajando lentamente. Sopesó la posibilidad de salir por ellas, pero la descartó, no era un buen sitio para huir, y tampoco estaba segura de poder salir por la ventana.

La gente miraba al interior del coche, y alguna mano, intentó tocarla. Se puso en el centro del asiento, intentando evitar aquellos brazos que entraban. En un descuido, mientras se hacía a un lado, del otro le agarraron el vestido, y para evitar que la cogieran, tuvo que dejar que se lo llevaran.

Ahora estaba desnuda, apenas cubierta por las copas del sujetador, y un pedazo de tanga entre sus piernas, pero el coche había acelerado y la gente ya no metía los brazos por las ventanillas.

El taxi, llegó por fin a su destino. Conocía el lugar, era el cementerio. Entró a través de la inmensa verja de hierro hacia el centro del recinto.

Una extraña luna, iluminaba el lugar, las cruces de las tumbas rendían su sombra sobre el césped, el viento aullaba entre los mausoleos, el aire era espeso y húmedo.

El taxi se paró de repente, y las dos puertas traseras se abrieron como impulsadas por un resorte. Ella dudó por un momento en salir o quedarse, pero como los ocupantes del asiento delantero seguían quietos y silenciosos, decidió escapar.

Corrió campo a través dejando que el resto de su ropa quedara en el suelo, alejándose del vehículo, buscando esconderse entre las sombras.

Unas luces que parecían linternas empezaron a moverse a su alrededor, a la vez, rumor de voces y ladridos de perros. Intentó alejarse sorteando a sus perseguidores entre las tumbas, pero las luces aparecían por todas partes, poco a poco se sintió rodeada, los ladridos cada vez más cercanos, la luna, brillante antes, se iba escondiendo poco a poco detrás de unas nubes negras.

Algún haz de luz, empezó a reflejarse sobre su cuerpo. Imposible como era ya escapar, se acurrucó junto a una tumba en la que habia una estatua de un ángel y una cruz, buscando protección.

Estaba vencida y agotada esperando su muerte.

Temía más al dolor que a la muerte misma, se imaginó a si misma, mientras aquellos seres, la agarraban, la golpeaban, y le arrancaban los brazos y las piernas. Tenía la cara desencajada por el terror y ni siquiera podía gritar ni llorar.

Una lanza le hirió levemente en el muslo y le hizo levantarse dando un respingo. Tuvo que correr porque otras lanzas la estaban acosando.

Una bengala iluminó la escena. Una mujer, desnuda, perseguida por perros, y hombres encapuchados llevando lanzas con las que la iban pinchando.

Corrió como una posesa perseguida por los lanceros, hasta que tropezó en una carretilla olvidada por el jardinero, cayó al suelo y quedó de espaldas, exhausta y rendida, mientras un coro de capuchas se inclinaba sobre ella.

Y un grito unánime, resonó y reverberó en medio del silencio de la noche:

¡Esto es Tordesillas. Viva la chica de la Vega ¡¡ Viva la chica de la Vega ¡

Cuando se levantaron las capuchas, pudo distinguir a su marido y a los componentes de la fiesta, todos reían y se sentían felices. Algunos flashes iluminaron sus lágrimas.

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31 Octubre 2009 - Posted by | Relatos | , ,

5 comentaris »

  1. Buen relato alegórico que mantiene la intriga hasta el sorprendente final.
    Saludos

    Comentari per micromios | 31 Octubre 2009 | Resposta

    • El que volia transmetre es que l’actitud de les persones que van amb una pica ferint a un animal seria la mateixa que tindrien si fos una persona.

      Es evident que no es igual una persona que un animal. Pero hi han activitats que treuen el pitjor de la persona. Les tradicions per ser bones, tenen que fomentar l’amistat, l’amor, la diversió sana, no l’assetjament i la crueltat.

      Comentari per xarbet | 1 Novembre 2009 | Resposta

    • Bé, crec que ho has aconseguit amb escreix.
      Salutacions

      Comentari per micromios | 1 Novembre 2009 | Resposta

  2. Gran relat, fa que senti l’angoixa de la noia de la Vega i ens fa més fàcil l’empatia cap a l’animal que sent aquesta història de por cada Setembre a la seva pell… Enhorabona per acostar-nos aquesta realitat disfressada de ficció amb tant d’encert! I gràcies per compartir-ho amb nosaltres.

    Comentari per polyadna | 1 Novembre 2009 | Resposta

  3. M’has deixat bocabadat i esborronat amb el teu magnífic i estremidor relat.

    Una de les teves narracions més bones, amb un ritme i un tempo perfectes.

    Salut

    Comentari per julio navarro | 1 Novembre 2009 | Resposta


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