X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

CRONICA DE UNA INFAMIA. (El Club de los Jueves)

5 Jun 2009


Escrito por: f-menorca el 25 Jun 2009 – URL Permanente

Su afeitado diario era como una pequeña ceremonia. De pié en el gran espejo que había entre las dos butacas de la barbería, con el letrero de la puerta indicando aun que estaba cerrado, se enjabonaba suave y pausadamente, para reblandecer aquella piel seca y dura.

Luego, cogía su navaja preferida, una “Filarmónica” de doble temple, con cachas de nácar, y surcaba sus mejillas con la maña y destreza que le habían proporcionado tantos años de oficio.

Mientras se afeitaba, se observaba . Pensaba en los años transcurridos, en su futuro sin mujer ni hijos, en su soledad y en su tormentoso deseo sexual que le tenía aprisionado en sus garras.

Cada vez que en un periódico veía la palabra “pederasta”, su corazón se le encogía, su mente se ofuscaba y como una nube oscura se ponía frente a sus ojos. El no era, no quería ser uno de esos seres abyectos despreciados por la sociedad que abusaban de los niños. Era y quería ser una persona honesta, pero su instinto sexual le decía otra cosa.

Quería sin querer y deseaba sin desear y se odiaba a si mismo y odiaba su soledad y su marginación.

Recordaba frente al espejo, su niñez feliz y desenfadada hasta que se cruzó en su camino aquel tío suyo, recogido en su casa por su padre, y que pagó la hospitalidad que se le ofreció, abusando sexualmente durante mucho tiempo de él.

No fue capaz nunca ni de contárselo a sus padres ni de negarse a sus requerimientos, y su infantil alegría se convirtió en triste soledad y en timidez. Ni siquiera cuando su tío se fue de su casa, siguiendo su devenir de bohemio, pudo sentirse liberado.

Pronto sustituyó a su padre en la barbería, sabiendo que este seria su sitio y su vocación. Nunca se le conocieron novias ni aventuras sexuales con nadie. Escondía su sexualidad porque se sentía mancillado y diferente

Sufría por su terrible atracción sexual hacia los niños. Miraba sin mirar y sin permitir que vieran que miraba, a los chicos jóvenes, admiraba sus músculos ,sus caras lampiñas y su cutis limpio. Muy dentro de si, soñaba con aquellas pieles tersas y suaves. Por eso, rasuraba con cautela y cuidado las barbas de sus clientes para conseguir sacar de ellas el fondo límpido de su piel.

Pero nunca se hubiera atrevido a acercarse a ningún niño o jovenzuelo, recordaba demasíado sus sufrimientos. Cuando venían a que les cortase el pelo, procuraba por todos los medios evitar el contacto físico, intentaba ser respetuoso hasta con sus pensamientos, concentrándose en su trabajo y suspirando por que el próximo cliente fuera un labrador duro y rudo con barba de una semana.

Se le nubló la vista el día que le comentaron que habían detenido al cura por haber abusado de un niño. La noticia le sumió en la mas absoluta oscuridad, tanto que dejó al clientes que estaba atendiendo con la cara medio enjabonada, adujó un mareo, y se retiró a su casa.

En el pequeño piso que había sobre la barbería, se escondió la cara entre las manos y lloró. Lo hizo de rabia, de dolor y de indignación. Conocía al niño que había sido objeto de los abusos. Era la imagen de su deseo y de su frustración. También la de su honradez, ya que pese a sus tendencias, siempre se había mantenido alejado de aquel ser puro y dulce.

El que aquel curo gordo y grasiento, con la cara fofa, se hubiera atrevido a mancillar al pequeño, le hizo sentirse tremendamente airado.

Unos golpes en la puerta le hicieron volver a la realidad, era el municipal que le pedía que fuera al calabozo a afeitar al cura que tenían que trasladarlo a Madrid.

Cogió sus bártulos, evito coger la “filarmónica”, y en su lugar, puso en el capazo la “centenera” y se dirigió al cuartelillo de la guardia civil.

Sentado, serio, sin decir nada, el cura, estaba sentado con una toalla encima de los hombros para que no se le mojase la sotana.

La brocha empezó a moverse, había una toalla blanca, una sotana negra, una espuma blanca, una indignación negra. Sinfonía en blanco y negro. La navaja era el arco del violín que daba paso a las trompetas y los tambores.

La hoja de la navaja se fue deslizando por aquellas mejillas blancas, nunca había sentido tanto asco al pinzarle la piel con los dedos para poder afeitarlo, su contacto le repelía, como si tocase algo viscoso y fétido.

Y cuando dejó el mentón, superó la inmensa papada y llegó al cuello, entonces se juntó el blanco y el negro, dio paso al rojo y le llegó la más completa oscuridad al infame.

En la pared de la barbería, un calendario indicaba el santoral del día. Era San Martín.

24 Agost 2009 - Posted by | Relatos

4 comentaris »

  1. Llegué hasta acá buscando información sobre las navajas Filarmónica y me encontré con este excelente cuento. Me pareció genial.

    Comentari per Carlos | 20 Agost 2012 | Resposta

    • Me alegro que te haya gustado. Saludos desde Menorca.

      Comentari per xarbet | 20 Agost 2012 | Resposta

      • Sí, me gustó porque son cosas que suceden pero uno nunca imagina. Saludos desde Chile.

        Comentari per Carlos | 20 Agost 2012

  2. uf! que heavy Frede. Durísssim, bon conte de terror

    Comentari per uru mikoyan | 20 Agost 2012 | Resposta


Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s

%d bloggers like this: