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Yo soy yo, y comparto circunstancias

DIAS DE RADIO (El Club de los Jueves)

16 Jul 2009


Escrito por: f-menorca el 16 Jul 2009 – URL Permanente

A las cuatro de la tarde, cuando los señores se iban a trabajar, Eufemia, mientras lavaba los platos, ponía en marcha el vetusto aparato de radio de la cocina para escuchar su programa favorito.

Estaba contenta con su trabajo, los señores eran amables y la trataban bien Lejos quedaban los días en los que, recién llegada del pueblo, tuvo que sufrir y padecer por culpa de unos señores tacaños, sobones y abusones, que le hicieron muy difícil soportar su condición de chica de pueblo ignorante y pobre que acaba de llegar a la ciudad. Los de ahora eran buenas personas que hasta le permitían oír la radio, y esto la entusiasmaba.

Escuchaba siempre el serial de la cuatro que se Titulaba •”La Historia de María Cinta”, ella quedaba embelesada y cautivada por la narración, demasiadas veces no podía reprimir las lágrimas mientras escuchaba la triste historia.

Eufrasia lloraba cuando oía que la protagonista del serial, María Cinta, una chica de pueblo , tenía que buscarse la vida en la ciudad agreste y cruel. Lloraba de tristeza cuando oía que se quedaba de repente sin trabajo por haber rechazado las proposiciones lascivas del señorito. Y lloraba de felicidad, cuando al borde de la desesperación, el relator le indicaba que por fin, había encontrado una persona buena que le daba otra vez trabajo.

Pero sobre todo, lo que la enternecía más era el episodio del pintor bohemio y triste, que aún no sabía que sería un gran artista, y que miraba a María Cinta con ojos brillantes cada vez que se cruzaba con ella en la escalera.

Sabía a ciencia cierta cómo acabaría la historia, disfrutaba solo pensar en los dos, en la campesina perdida en la ciudad, y el pintor de la buhardilla.

Con mucho empeño, él conseguiría montar una exposición de sus cuadros, y los compradores se pelearían por comprárselos. La crítica y la prensa loarían el hallazgo de un gran pintor.

Después del éxito y ya famoso, le declararía su amor, y ella le diría que sí, que siempre le había querido. Y se casarían y se irían a vivir a una casita del campo con muchas ventanas y mucha luz, y con flores, muchas flores.

Pero a veces el timbre de la puerta, le interrumpía la escucha del programa de radio, y sus elucubraciones sobre el fin de la historia, y ella se enfadaba, porque perdía el hilo de la narración.

Siempre era el mismo el intruso que la incordiaba, era el vecino de la buhardilla, un joven bohemio y con cara triste, que decía que era pintor.

Venía a pedirle un poco de azúcar o un poquito de sal, y se la quedaba mirando con ojos brillantes, como cuando se la cruzaba por la escalera.

Ella le daba el azúcar o la sal rápidamente, y lo despedía para volver a seguir escuchando la historia.

Al final, acabó por no abrirle, conocía su manera tímida de tocar el timbre y ella hacia como si no lo hubiera oído y él, no insistía.

Afortunadamente, al poco tiempo el pintor abandonó el edificio, al parecer, había montado una exposición que había tenido mucho éxito y se había ido a vivir a una casa del campo con muchas ventanas, mucha luz y muchas flores.

Ahora estaba contenta, podría escuchar la historia de la radio sin nadie que la interrumpiera..

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10 Agost 2009 - Posted by | Relatos

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