X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

UN BAILE DE MASCARAS

UN SUBMARINO RUSO

El mar del Japón, estaba en calma. Igual podría haber estado encrespado, el submarino nuclear Nerpa, proseguía su viaje submarino a través de las negras aguas.

Era un viaje de prueba, y los setenta y tres marineros que formaban parte de la tripulación estaban molestos. En aquel momento, los ocupantes de a bordo eran exactamente doscientos ocho.

Una jauría de empleados civiles viajaba con ellos. Eran obreros de las fábricas militares que analizaban y probaban los instrumentos de a bordo en un viaje “real”.

Era una situación anómala que producía problemas a los marineros. Un submarino es un espacio reducido en el que cada cual sabe donde debe estar y cómo tiene que moverse. Y en aquel viaje, todo eran encontronazos, empujones y griterío ensordecedor.

Aquella gente, no sabía estar callada, hacían su trabajo hablando y contando chistes. No eran capaces de estar quietos, sino que se desplazaban continuamente de un lugar para otro sin motivo alguno. No eran como ellos, marineros rudos, y serios, taciturnos, acostumbrados al silencio y el intercambio de miradas como método de comunicación.

De pronto, una de las válvulas del circuito de vapor de agua, que estaba siendo analizada por uno de los obreros, empezó a escupir vapor.

Todos, en la gran sala de mandos del aparato, se percataron del incidente.

Automáticamente, todos los marineros buscaron con la mirada la ubicación de las máscaras de oxigeno. En un caso como este, se producía un aumento de la temperatura del submarino, y a veces, saltaban los sensores contra incendios.

El sistema contraincendios era un circuito de gas Freón, R-22, que al expandirse en la válvula de descarga refrigeraba el ambiente. Pero era un gas tóxico por inhalación y había que ponerse las mascarillas.

En el submarino, de dotación había exactamente 150 mascarillas de oxigeno, repartidas por lugares estratégicos de la nave. Tenían por lo tanto, el doble de la tripulación, pero menos del total de personas a bordo.

La válvula seguía escupiendo vapor sobrecalentado a 120º, los operarios, se esforzaban por solucionar el problema, pero el tiempo pasaba….

Los marineros habían ya analizado la situación y localizado la ubicación de la máscara más próxima, incluso algunos se habían desplazado ligeramente para situarse junto a la suya, visualmente habían hecho ya su reparto, y estaban expectantes, silentes.

Llegaron operarios de las habitaciones contiguas con los guantes térmicos para poder ayudar en la reducción de la fuga, eran ya cinco los que porfiaban para cerrar el circuito, pero los resultados no eran visibles.
Los que habían llegado para ayudar en la avería, llevaban ya sus mascaras colgando del cinto, los marineros, las tenían controladas, solo quince o veinte seguían ajenos al peligro, sin preocuparse de su seguridad.

Y la alarma contraincendios saltó. Era de prever. Los marineros no tardaron ni un segundo en ponerse cada uno una máscara.

El ambiente se empezaba a cubrir por una espesa neblina.

Los que no tenían ninguna mascara localizada, empezaron a buscar una, una luz intermitente roja marcaba cada una de las ubicaciones de los sistemas de emergencia, pero todos estaban vacios.

La sirena ululaba, las luces centelleaban, los hombres recorrían como locos las paredes buscando las ansiadas máscaras. El aire se viciaba por momentos, la niebla subía.

Angustia horrible de personas sintiendo el paso de los segundos sin encontrar solución a su necesidad, lloros, súplicas, peticiones de ayuda.

Los marineros, espectadores forzosos, escondidos detrás de sus mascaras, veían impotentes el drama que se desarrollaba a sus pies. Ojos llorosos, voces angustiadas, manos palpando paredes en busca de una salida con un poco de aire fresco.

Poco a poco se fueron sucediendo estertores de bocas ávidas de oxigeno que absorbían solo freón y vapor de agua. Poco a poco fueron cayendo al suelo los cuerpos de los que sucumbían al gas.

Cuando por fin, dejó de salir vapor de agua, cuando se pararon las boquillas de expandir gas, cuando los ventiladores zumbaron trayendo aire fresco a la nave, diez y siete operarios aparecían en el suelo, con los ojos aún abiertos y la boca torcida por el rictus de la muerte.

Anuncis

3 Mai 2009 - Posted by | Relatos |

Encara no hi ha cap comentari.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s

%d bloggers like this: