X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

RIVALES (El Club de los Jueves)

23 Abr 2009


Escrito por: f-menorca el 23 Abr 2009 – URL Permanente

El viento batía la isla con fuerza. No era nuestra tramontana, viento ancestral que barre Menorca con fuerza y tesón pero con cariño y amor. Nuestro viento no engaña, es asi, duro y sin dobleces. Pero aquel día, el viento era de poniente, altivo y traidor. La olas se acercaban oblicuas a la costa y eran bajas y anchas, rompiendo sólo al final, cuando estaban a pocos metros de las rocas y se revolvían hacia atrás, en una terrible resaca como queriendo huir de nuevo hacia alta mar.


Nunca se nos hubiera ocurrido lanzarnos al mar si no hubieran estado las chicas. Nelo fue el primero. Sin pensárselo dos veces, dio dos pasos y se lanzó al mar. El negro y yo nos miramos. Me di cuenta en seguida que el no se lanzaría, pero yo no podía quedar como un cobarde y me lancé también contra las olas.

El acantilado era recto, bajaba casi a plomo hasta el mar. Cuando hacia buen tiempo era fácil salir del agua, acercarse y poner un pié en la “barbada” y reptar hacia arriba por las rocas, pero las olas complicaban mucho la operación.

Nadé despacio hacia las rocas, pero una ola me cogió, me llevó al fondo y me arrastró de nuevo hasta el centro de la bahía. Me enfurecí por el revolcón y braceé de nuevo hacia las rocas. Nelo , que aún no había intentado salir, miraba con atención. Esta vez, la ola, antes de llevarme al fondo, me restregó contra las rocas, produciéndome varios rasguños en el brazo.

Me entró el pánico. En aquel momento supe por qué se ahoga la gente, por el pánico. Esta sensación es la que me pedía que me lanzase de nuevo a intentar salir, la desesperación produce inconsciencia y compulsión. Las fuerzas ya no eran las mismas y las rocas seguían allí, incombustibles, pétreas, estáticas, desafiantes.

Pero el pánico no me venció, y decidí esperar. Tenía que tranquilizarme y recuperar fuerzas. Era consciente que desde arriba, las chicas y el Negro, nos estaban observando y empezaban a preocuparse.

Mi amigo intentó salir y salió también rebotado, probó de nuevo y tardó mucho en volver a sacar la cabeza del agua, la cosa empezaba a ponerse fea. Desde las rocas nuestros amigos nos gritaban dándonos ánimos.

Nelo era mi amigo y también mi rival, de estatura y complexión similares, nos apreciábamos, pero competíamos por el liderazgo del grupo y por las miradas de las chicas, de alguna manera estábamos en aquel momento también compitiendo.

La vi venir de lejos, de vez en cuando, de las olas que se acercan, hay una que es mas baja, con menos fuerza. Cuando llegó, braceé con fuerza y me dejó acercar a las rocas y asirme y subir hacia donde estaban mis amigos. La acción duró apenas unos segundos pero pude respirar aliviado y contento.

Mi amigo rival seguía en el agua, el que yo saliera no le ayudó en nada. Cada segundo de más que pasaba en el agua, aumentaba su fracaso. Hizo varios intentos sin éxito, a la tercera se golpeó la cabeza con una roca y quedó flotando en el agua, sangrando e inmóvil.

Juro que no fue por valentía ni por heroísmo, pero me lancé al agua a buscarle. No podía hacer otra cosa, el Negro, las chicas, todas se habían puesto a gritar y me miraban pidiéndome que lo hiciera.

En el agua, le levanté la cabeza e intenté animarle, estaba consciente y respiraba, pero seguía como sin saber donde estaba. Desde las rocas me pedían si tenían que ir a buscar ayuda o a buscar una cuerda. Les dije que no, que esperaran. Nelo me decía que estaba bien, que ya no necesitaba que le sujetase.

Estuvimos un rato manteniéndonos en el agua, subiendo y bajando con las olas. Yo con la mirada seguía esperando que de nuevo llegase “mi” ola.

Cuando la vi a lo lejos, le indique a mi amigo que lo íbamos a intentar juntos, que esperase a mi aviso. Y cuando llegó el momento, los dos al unísono nos lanzamos contra la costa y a caballo de mi musa, nos pudimos aferrar a las rocas dejando que el agua se deslizase de nuevo hacia abajo sin llevarnos de botín.

Entre todos lo subimos y lo tendimos arriba en una roca plana. Seguía sangrando por la herida de la cabeza, y tenía además otras heridas y magulladuras.

Las chicas lo taparon con sus toallas y le contuvieron la hemorragia, lo animaban y lo acariciaban, era su centro de atención, el protagonista.

El negro, sentado lejos, estaba disgustado con el papel de pasmarote que había hecho.

Yo, detrás del grupo que rodeaba a mi rival y amigo, sin nadie que me hiciera caso, tenía la impresión de que una vez más, Nelo me había ganado la partida.

2 Mai 2009 - Posted by | Relatos | ,

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