X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

FUE SIN QUERER. El Club de los Jueves.

º

Escrito por: f-menorca el 12 Mar 2009 – URL Permanente

He puesto la canción al principio, para que podáis escucharla mientras leéis el relato.



El sonido de unos pasos la despertó. La luz se filtraba ya por las rendijas de las ventanas.. Se dio cuenta de que era la primera vez en su vida que había dormido desnuda. También fue la primera vez que le traían el desayuno a la cama. Estuvo dudando, sin saber qué hacer, entre mantener el cobertor tapándole los pechos o sentarse en la cama para poder coger la bandeja que le ofrecían. Al final, le echo valor al asunto, y se sentó en la cama
acomodándose la almohada en la espalda y dejando ver su desnudez. Al fin y al cabo, él también estaba desnudo sosteniendo dos bandejas con galletas y naranjada.

Estaba en la parada del autobús. Lo vio sin mirarle, porque ella era una persona discreta, y durante toda su vida había aprendido a ver sin mirar directamente a nadie. Pero cuando subieron al vehículo, lo vio de espaldas mientras ocupaba un asiento vacío. Lo que no esperaba era que al llegar a su altura se levantara para cederle el asiento. Se maldijo a si misma por haberse parado allí, y con gusto hubiera rehusado, pero le miró a los ojos. Fue su error, quedó colgada de aquellas pupilas negras y profundas, y se sentó más que nada para disimular el rubor que había subido a sus mejillas.

Dudó al levantarse de la cama si ponerse la bata, pero habitualmente iba desnudo a prepararse el desayuno, y si lo de aquel día era verdadero, no tenía por qué cambiar sus hábitos. Ella dormía plácidamente, y sus labios dibujaban una media sonrisa. Fue a la cocina a exprimir naranjas. El pasearse desnudo por su casa era una costumbre reciente, lo hacía desde que murió su mujer, hacia seis meses. Para él había sido una liberación. Como el que se suelta el corsé de las costumbres, del orden, y de la rutina inalterable de cada día.

Había querido a su mujer, y había sido fiel a su matrimonio, pero el coste había sido demasiado, demasiada concesión diaria, demasiado asentimiento, era el precio de la paz y la tranquilidad, y lo había pagado entero, día a día. Por eso cuando el cáncer se la llevó en tres meses, aún sintiéndolo, se sintió libre.

Hay dos tipos de paradas de autobús, las inodoras, y las interesantes. Aquel día, la parada era interesante, porque flotaba un aroma en el aire. Cerrar los ojos e intentar adivinar de quién provenía, era uno de sus pasatiempos favoritos. Según los efluvios, se imaginaba a una mujer, joven, o mayor, guapa o fea, o incluso a un hombre o a un niño.. Se equivocaba a menudo, y esto le divertía, pero muchas veces su intuición y su olfato coincidían
.

Cuando subió al autobús y se sentó, notó de nuevo el olor, y alzó la mirada, supo que no se había equivocado, y se levanto, para cederle el asiento. Notó sus ojos en él, y se dio cuenta de que el corazón empezaba a latirle con fuerza.

A ella, la lluvia la ponía triste, le hacía recordar que su vida había trascurrido como una tarde lluviosa, sin sol ni alegría. Demasiado tiempo invertido en intentar hacer cambiar a un hombre del que se había enamorado perdidamente. Sabía al casarse, que era un mujeriego y un vividor, nadie la engaño, quizá se dejo engañar por si misma al confiar en el amor.

Acudió sin querer a la parada del autobús, hubiera podido seguir andando, pero la lluvia arreciaba y el paraguas apenas podía evitar que se mojase. La lluvia, es tozuda, pero algún día se acaba, como cuando se dio cuenta de que de que en realidad lo que pasaba era que él no la quería, y que prefería más otras cosas y otra forma de vida. Aquel día lo dejó.

A él le molestaban los paraguas, lo hubiera evitado si la lluvia no fuere tan persistente, pero no había otra solución. Además el agua, amortiguaba y absorbía todos los olores. Por eso acudió sin querer a a aquella parada sabiendo de antemano que era inodora e insípida.

Pero es caprichoso el azar, y dos personas son a veces dos mundos que se encuentran sin saber cómo. Y aquel día, no subieron al autobús, sino que dejaron que se fuera, para besarse, mientras dejaban caer los paraguas, comprobando que también había dejado de llover.

No necesitaron palabras ni promesas. Se habían encontrado sin buscarse, sin conocerse, pero hay miradas que no pueden mentir, hay sentimientos que no se pueden expresar, solo hay que saberse llevar, dejarse conducir y guiar.

Cuando llegaron a su casa, estaban los dos avergonzados. Se confesaron la edad, de hecho hubieran preferido hacerlo como los franceses con su quatre vingt, mucho menos brutal y más dulce.

Pero estaban dispuestos a compartir también vergüenza, y se desnudaron, sin miedo y sin pudor, mostrando demasiada flacidez y muchas arrugas, pero sus ojos solo vieron amor y ternura, y en la cama, a pesar de no pasar de los besos y las caricias, unieron sus cuerpos, durmiéndose abrazados, como no habían hecho nunca antes. Antes de que les venciera el sueño supieron que los dos llevaban mucho tiempo esperándose.

Esta semana el tema era libre pero tenia que ser sobre una canción. Esta de Serrat, por si sola ya merece el post. Si el relato no os gusta, quedaros con Serrat y Noa

crariza; karmen-jt; un-español-mas; psiquiatra de familia; elefantefor; castor; jan; rosa; Bloody; bandama4; carmen; quadrophenia; Louis Darval; José Alberto

2 Mai 2009 - Posted by | Relatos |

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