X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

Adios Pelillos

25 Abr 2009

Escrito por: f-menorca el 25 Abr 2009 – URL Permanente

Pelillos, querido pelillos. Que dura es la muerte. Contigo morimos todos un poco.

Ha sido como un mazazo.

Tu hija me ha llamado por teléfono diciéndome que te habías ido, y mi risa se ha convertido en llanto.

Hace unos años, cuando nos reencontramos por primera vez después de tantos años, no tuve la oportunidad de conocer a Leticia. Era, según me dijiste una adolescente con los problemas propios de su edad. Hoy sin conocerla, he oído su voz desgarrada contándome que ya no estabas con nosotros.

Y la distancia ha impedido que pudiera abrazarla como me hubiera gustado.

Que duro, que impersonal es el teléfono a veces. Oyes voces entrecortadas por el llanto, y te estremeces, y te odias por no coger el aparato y estrellarlo contra la pared. Aunque solo sea para matar al medio que te trae malas nuevas.

Los recuerdos se me agolpan a mi mente. Eras un tipo bastante raro, pero a mí no me engañaste nunca. Detrás de tu adustez, de tu seriedad, había un corazón muy grande. De vez en cuando, te escondías dentro de ti mismo. Entonces había que dejarte estar, no decirte nada. Esperar tu vuelta y respetar tu ausencia.

Paco no lo entendía. Cuando te metías en tu mundo, dejando de lado a todos los demás, el intentaba contactar de nuevo contigo y hacia aproximaciones amistosas de las que siempre salía rebotado.

Yo le decía: Paco, déjalo estar, ya se le pasará la moña. Y el Pelillos de siempre, volvía al poco tiempo, amable, dicharachero, compañero del alma, próximo, solidario.

Me perdonarás, amigo mío que me ría en este momento de angustia y recuerde tus calzoncillos blancos. Perdón, tus limpísimos e impolutos calzoncillos blancos.

En un cuartel, donde no había lavadoras, y el agua salía con un hilillo fino y débil del grifo de la pica de piedra, mantener limpia y actualizada la ropa era un pequeño milagro.

Dedicábamos normalmente, el escaqueo de un día a lavar, cubiertos por nuestros compañeros, cuando ya no había mas remedio y la ropa sucia no cabía en la taquilla.

Pero tú, uno de cada dos, nos dabas quebraderos de cabeza para justificar tu ausencia,
escondido en el lavadero limpiando calzoncillos y camisas. ¡ A quién se le ocurre llevar calzoncillos blancos¡¡¡¡

Te quedaste con el nombre de pelillos por méritos propios, y es que en aquel entonces, en la cabeza, no tenias poco más de diez, aunque reconozco que después de muchos años, al volvernos a encontrar, aún te quedaban por lo menos ocho, lo que no es poco merito después de treinta años.

Pelillos, sabes que te quiero, que has ocupado desde hace muchos años una parte de mi corazón, tu partida me agobia y me estremece. Contigo, pierdo a un amigo y a una parte de mi mismo, con tu muerte me acerco a mi misma muerte.

Me gustaría llorar y no puedo, compartimos risas y problemas. Ahora la pena sólo la puedo compartir con tu esposa y con tu hija, y hacerlo de lejos, ausente, en un momento en que me gustaría estar cerca y cercano.

Adiós, Pelillos, adiós amigo. Compañero, te recordaré siempre.

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2 Mai 2009 - Posted by | Sociedad | ,

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