X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

EL TRIANGULITO

Nunca hubiera pensado que aquel triangulito le trajera tantos problemas. Era un triangulo formado por dos muslos y el borde de una falda demasiado corta, y había aparecido en la oficina junto con la nueva secretaria.

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Habían habilitado para ella una mesa situada enfrente de la suya, y era de esas modernas con cuatro patas, toda abierta por delante y los lados, y claro, cuatro patas de la mesa, mas las dos de Irene, y las de la silla, ya era mucha extremidad suelta. Si además se forman de vez en cuando triangulitos, cada día de distinto color, no podemos por menos que compadecer al pobre contable.

Eufrasio era soltero, hombre de misa dominical y de polución nocturna quincenal, que vivía en sórdida armonía con sí mismo, en un piso de renta antigua de cuatro habitaciones. Hacía ya treinta años que trabajaba en la misma oficina, y era el empleado perfecto, metódico, pulcro, trabajador, callado y concienzudo, en quien Don Carlos depositaba toda la confianza de los números de la empresa. Por no haber, no había en su mesa ni siquiera teléfono, el se imbuía en sus papeles y en toda la jornada, ni levantaba la mirada, ni hablaba con nadie.

Pero ahora, le habían puesto enfrente a aquella chica que se pasaba el día riendo, comentando cosas con Victoria y con Eulalia, las otras dos chicas de su oficina, las cuales habían pasado de sentirse contagiadas de la seriedad de Eufrasio a colaborar en el jolgorio de Irene.

Y encima, aquel las piernas largas, que se movían al son de su risa y mostraban de vez en cuando aquel triangulito juguetón, que aparecía o se escondía en función de los movimientos, siempre inesperados y compulsivos de su propietaria.

Eufrasio estaba toda la jornada inquieto, no se podía concentrar. La vista, sin darse cuenta se dirigía inexorablemente cada diez segundos hacia lo que sucedía debajo de la mesa de su nueva compañera de oficina. Incluso empezó a hacer conjeturas,al principio de la jornada, intentando adivinar de que color seria el objeto de su mirada. Su trabajo empezó a perder eficacia, se equivocaba a menudo, y se le acumulaban los papeles en una bandeja que antes estaba siempre vacía.

Para paliar esto, tuvo que empezar a hacer horas extras, quedándose cuando todos se iban para trabajar con la tranquilidad y sosiego recuperados.

Pero el problema, le siguió a su casa y a su vida particular, estaba nervioso, no podía leer en tranquilidad, e incluso por la noche, recordaba a Irene, y su sexo le daba un aviso de que existía y que no le iba a dejar conciliar fácilmente el sueño. El nunca había tenido ningún tipo de experiencia sexual, siempre había huido del pecado de la carne, como lo explicaba el cura, y sus únicos encuentros eran aquellos sueños que le venían de vez en cuando por la noche y que hacían que aparecieran leves manchas blancas en el pijama.

Lavaba primorosamente la prenda en el lavabo, como queriendo limpiar su culpa, y dejaba así también su conciencia tranquila y reposada, intentando olvidar unos sueños que por otra parte tampoco recordaba.

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Desasosiego en la oficina, en casa, en el autobús, la vida de Eufrasio había entrado en una dinámica que no sabía a dónde le iba a conducir. Solo, sin amigos, sin familia próxima, en principio lo único que se le ocurría era ir a pedir consejo al cura.

Mosén Blanc, le escuchó en silencio, y no pareció extrañarse mucho. Incluso le dio la impresión que lo consideraba normal. Le dijo que procurase evitar la tentación y que limpiase su mente de cosas sucias. Algo menos que nada, ningún otro consejo, ninguna otra solución.

En las próximas semanas, su problema no fue a menos, sino todo lo contrario, no podía concentrarse en el trabajo, se movía inquieto en la silla y los movimientos de su compañera lo tenían fuera de sí, incluso parecía que ella se daba cuenta de lo turbado que estaba y le dirigía miradas divertidas y cómplices con las otras dos compañeras de oficina. Después de alguna ojeada fugaz suya, todas se ponían a reír sin venir a cuento, y él se sentía avergonzado.

Colocar un marco con la virgen del perpetuo socorro sobre la mesa, tampoco dio resultado, muslos y virgen con manto, no son una buena combinación y le hacían sentir peor todavía.

Otra solución era colocar un panel frontal en la mesa de Irene, pero: ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Cómo iba a justificar semejante petición?

Pero un acontecimiento iba a cambiar para siempre su vida y solucionar de paso su problema visual.

Volvía de la oficina, como siempre pensando muslos y lencería, y coincidió en el ascensor con la vecina del quinto, que era una viuda, entrada en carnes, es decir, bastante gorda, y a la que siempre miraba con indiferencia. Pero aquel día, su mirada, debía tener algún factor diferente, de hecho no se detuvo en su cara, sino que siguió la curva de su cuello, se paró en sus pechos, descendió hasta las caderas, y algo debió notar la viuda, porque de repente, lo cogió por el cuello y lo atrajo hacia si, enterrándole la cara entre sus senos. El ascensor se detuvo a tiempo con un traqueteo para que salieran los dos aun cogidos de la cintura y tras vencer la resistencia de la cerradura de la puerta de su casa, que se resistía la muy zorra, entraron, y allí mismo, en el pasillo, sin llegar al salón, se buscaron ávidos los rincones y prominencias, perdiendo en el envite, Eufrasio la virginidad y la vecina sus urgencias.

Al día siguiente, Eufrasio llegó tarde por primera vez a la oficina, con aire triunfante y retador, y cuando pasó por delante la mesa de Elisa, le dijo en plan paternal y jocoso:

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¿Y bien, de que color lleva hoy las braguitas mi niña?

Y se sentó orondo y satisfecho en su silla. Estaba seguro que aquel día ningún triángulo le iba a entorpecer su trabajo.

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4 Desembre 2008 - Posted by | Relatos | ,

10 comentaris »

  1. Magnífico relato,pleno de ironía y sensualidad… Me ha encantado. Felicidades…

    Comentari per HArendt | 5 Desembre 2008 | Resposta

  2. jeje, éste no lo has alargado…

    😉

    Comentari per colombine | 5 Desembre 2008 | Resposta

  3. Siempre rompiendo…

    Buen texto e ilustrativas fotos

    Comentari per Louis Darval | 7 Desembre 2008 | Resposta

  4. Si es que no hay nada como desahogarse para ver las cosas de otra manera, jejeje

    Un abrazo, Xarbet.

    Comentari per Mayca | 4 gener 2009 | Resposta

  5. jajajajajajajaja m’ha encantat!!!! jajajajajajjjaa
    Uf! per poc me’l perdo!!!
    petonassos

    Comentari per uru | 16 Agost 2011 | Resposta

  6. mas fotos prfv…..

    Comentari per divi | 26 Agost 2011 | Resposta

  7. sige asi y espero que puedas tomar fotos ams reveladoras

    Comentari per geowani | 15 gener 2012 | Resposta

  8. Me he reido un montón Xarbet, me gusta lo que escribes, cuando me entero que soy un poco corta y si me sacas del castellano ni papa. Yo conoci a alguien asi, si no hubiese conocido a un personaje parecido te habría dicho que tu relato es un poco exagerado, pero no, aún hay personajes como el tuyo por ahí sueltos jajajaja

    Comentari per Eva Maria Cano Organero | 17 gener 2012 | Resposta

  9. He arribat des del facebook d’Eva, i he rigut una estona, amb el teu permís, em quedo per seguir rient-me, que falta em fa.

    Una salutació des del meu refugi gelat als Pirineus

    Sigo Soñando – Marta

    Comentari per Marta | 17 gener 2012 | Resposta

  10. El cabron se estava pajeando hi hi hi

    Comentari per papi lopez | 16 gener 2013 | Resposta


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