X A R B E T

Yo soy yo, y comparto circunstancias

EL CONFESIONARIO QUE OLIA MAL

Evidentemente, la limpiadora no tenía la culpa. Mosén Blanc, estaba enfadado, y no poder descargar su ira en nadie le producía desasosiego.

Hacia varios días que el confesionario olía a meados.

Es decir, maticemos, un día en plena jornada de confesiones, entre padrenuestros impuestos y absoluciones varias, empezó a oler a pipí. El último que había pasado por la celosía era un emigrante, y seguro que el muy desgraciado, mientras se confesaba, había sacado la pilila y había dejado su marca perruna. Si no fuera porque la señora que estaba ahora arrodillada a su vera explicaba una historia larga y detallada, hubiera salido corriendo en busca de aquel desgraciado. Pero se contuvo, intentó taparse la nariz, pero aspirar por la boca le producía todavía más asco. La señora tuvo también que notar el olor, porque de pronto, decidió simplificar y terminar rápidamente su historia, y él a su vez, la despachó con un par de absoluciones, que tanto da dos que una con tal que se fuera rápido. Además la mirada asesina de la señora al irse le produjo una enorme irritación. ¿Sería capaz la muy bestia de pensar que era él el que se había meado?

Cerró el chiringuito, a pesar de que había otros esperando, y se fue a la sacristía ya que el confesionario estaba evidentemente “averiado”, y no quería en aquel momento inspeccionar nada para no llamar la atención. En la posterior inspección, efectivamente, en el interior del cubículo, justo debajo de la ventanilla, un pequeño charco de orina. Pequeño pero matón, porque olía a demonios, parecía el meado de Belzebú, pensó el mosén.

Al día siguiente, se repitió la historia. Todo empezaba bien, la jornada trascurría plácida, todo pecaditos fáciles de perdonar, algún desliz, algún adulterio de nada, cuando de pronto, el ataque furibundo de un hedor inconfundible e indeseado. Esta vez, el pecador también era una mujer, y no se podía suponer que fuera de ella la micción. Pero antes había estado un viejecito al que le costó mucho arrodillarse y levantarse, quizá se le escapó involuntariamente la micción.

Pero no había duda de que había algo raro, porque si hubiera sido el viejecito o el emigrante, el olor se hubiera notado en seguida, y en los dos casos, se notaba al cabo de un rato

Al finalizar las sesiones, estuvo inspeccionando con meticulosidad el garito. Era de madera de caoba, no tenía suelo, y estaba apoyado con cuatro patas macizas. Una cortina por puerta, y a la derecha de la puerta, un pequeño reclinatorio con cojín de terciopelo rojo, y la celosía en la ventana . De lo más normal, como todos. En el interior, un austero banco de madera era el único mobiliario.

Y cada día la misma canción, o el mismo olor. Empezaba bien, oliendo a incienso y a flores, y de repente, el maldito olor. Era algo insoportable e inexplicable, llegó incluso a interrumpir la confesión de un anciano al notar el efluvio, para dar una vuelta de inspección a ver si encontraba algo raro, pero no, todo era normal. El viejecito tenía su cosa en su sitio, y se molestó un poco cuando el cura le miró la bragueta, evidentemente, no había sido él, pero en el interior, como por arte de magia la mancha que indicaba el origen de la fetidez.

Ordenó trasladar el mueble a otro extremo de la iglesia, pero no consiguió evitar que de nuevo le interrumpieran la faena a la mitad.

Desesperado y sin poder recurrir a nadie, pasó tiempo y tiempo pensando y rumiando, no encontraba el motivo de los olores, pero como era un hombre bastante pragmático, decidió que haría una prueba que quizá solucionaría el problema.

Al día siguiente, se sentó de nuevo en su lugar de trabajo, descorrió la cortinita y empezó la jornada de trabajo. Todo normal, ningún problema, su pituitaria no detectó en ningún momento ninguna interferencia.

Mosén Blanc estaba satisfecho, la prueba había sido satisfactoria. A partir de aquel día, siempre cuando fuera a confesar se pondría calzoncillos. Así notaria de humedad y le daría tiempo a recoger el esfínter. Además, podría usar los bolsillos de la sotana, los agujeros que en su día les había hecho, no tenían ya ninguna utilidad.

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8 Octubre 2008 - Posted by | General |

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